TE LLAMARÉ MUNDO

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8/12/09

El peligro de los puentes

Anti-noticias (2)

Se queda la Ciudad semivacía. Se han ido muchos dueños de coche, tomavistas de última tecnología en ristre, en plan cultural, a hacerse la ruta del gótico bajo. O, para disfrutar de un "merecido descanso", a la playa. Les sacarán en bañador en el telediario (si es algún vistoso top less, cogido como al descuido, mejor), en imágenes que no tienen por qué ser de este año —pueden corresponder a cualquiera, y hasta sospecho que sacan siempre a los mismos tipos y tipas—, puesto que todos los años son iguales, diciendo cosas como que "el agua está fresquita, pero nos hemos dado un bañito".
       A continuación, el locutor nos informará, con un punto de admiración, de que en la operación salida —como si de una operación militar se tratara, que a lo mejor es eso— se prevén tropecientos millones de desplazamientos. Incluso peor: si se descuida usted le soltará que "se preveen...", y hasta que: la dirección general de la cosa, "preveyendo...".
        Se ha abierto en las calles una especie de desgarrón o agujero en el habitual puré de automóviles, y por unos días nos libraremos de la insoportable tabarra que soportamos a diario. (¡Chiiisss... no se lo cuente usted a nadie!)
       No obstante, la alegría no es completa, y a medida que pasan los días del puente se va sintiendo la presencia cada vez más cercana de los coches: están ahí acechando, prestos a volver y a recuperar lo que es suyo: la ciudad de la que hace años se apoderaron.
       Por otra parte, se cierran tiendas, oficinas, fábricas, tajos, y las cosas parece que siguen funcionando igual. Igual de bien o igual de mal, como usted prefiera.
       Así pues, dos peligros se esconden en los puentes: uno, que caigamos en la cuenta de que, a lo mejor no hace falta trabajar tanto. Y dos, que descubramos cómo sería una ciudad sin coches. Las consecuencias de estas caídas del caballo podrían ser... inimaginables. ¡Ah, claro! Ya le oigo a usted rezongar: que me caiga yo a mi vez del guindo.

¡CUIDADO, QUE VUELVEN!




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