13/9/07

De pinícula

(I). En vez de calificar, como hacen algunos periódicos, sumariamente, una película de la programación de la te uve como mala y marcarla con una especie de lunar o círculo negro,, ¿no sería mejor desconocerla? Si tan mala es...
(II). Al encargado de vídeo en cadena de tv que corta la película antes de que aparezcan los títulos de crédito al final, debería quedársele el dedito pegado al botón.
(III). A quienes se levantan de la butaca antes de que terminen los últimos títulos de crédito debería fulminarles un rayo: ¡zas!, fundidos en el asiento, para que aprendan a respetar a quienes queremos ver hasta el último sello y oír hasta la última nota musical.
(IV). A los empresarios a quienes en los últimos años (decenios ya) les ha dado por construir de forma que, tras la película, no sale uno al hall del cine como se ha hecho toda la vida sino a la mismísima puta calle, también que les parta un rayo.
(V). Me juego la barba a que el principal negocio de las salas de cine es el de la venta de chuches: palomitas, refrescos, patatas, chocolatinas y tutti quanti. Vamos que, de forma parecida a como en la Prensa las noticias son el pretexto para la venta de publicidad (su verdadero negocio), aquí la película lo es para la venta de chucherías.

10/9/07

Noticia que se cumple en sí misma

El pasado viernes, 07/09/2007, sobre las 14:15 horas, se podía leer en Elpais.com este titular: “La policía declarará hoy a [...] sospechosa del crimen”. Las comillas son mías. El periódico no entrecomilla ninguna palabra, por lo que se deduce que asume el titular en todos sus términos.
Omito la persona a la que se refiere porque, para lo que pienso comentar, no hace ninguna falta y, además, ya se está hablando de ella hasta la saciedad y dirigiéndole los Medios los focos hasta la náusea.
“Declarará sospechosa”. Al anunciar que la declarará ya la está declarando, por muy en tiempo futuro que se ponga el verbo. La frase hace lo que dice que se hará en el mismísimo acto de decir.
Un par de ejemplos, porque me temo que me explico mal:
1. Supongamos que alguien enamorado de su prima dijera: “Mañana iré a casa de mi prima y le pediré que se case conmigo”. Me parece evidente que en esta frase, en la que de los tres verbos dos aparecen en el tiempo de futuro, hay dos futuros distintos: mientras que el segundo (“pediré”) es ya ipso facto una petición, sobre todo si la prima lo oye, en cambio el primero (“iré”) es un futuro propiamente dicho, que no por el solo decir “iré” del enamorado estaría yendo.
2. Imaginemos un juez que, disponiéndose a entrar en la sala donde va a dictar sentencia, ante preguntas de un periodista manifestara: “Voy a declarar [o “declararé”] al acusado culpable” (o inocente, me da igual para el ejemplo). ¿No estaría ya declarándolo culpable aun a pesar del verbo en futuro? ¿Y si alguien, con toda la razón del mundo, le reprochara a ese juez que hubiera declarado culpable al acusado antes siquiera de empezar la vista, podría alegar que él no había dicho “declaro” sino “declararé” como diciendo que cuando hizo esas manifestaciones aún no lo había declarado puesto que utilizó el verbo en tiempo futuro? Lo dudo mucho.

7/9/07

NUNCA MÁS EN AGOSTO (II)

[A modo de postdata a la entrada del mismo título de fecha 03/09/2007]
Reconozco que dejar de comprar el Viernes el periódico puede producir al principio una especie de vacío, de sensación de que a uno le falta algo (¡tal es la fuerza de la costumbre!). Pero esa sensación es pasajera y soportable. Algo así como cuando deja uno de fumar, sólo que menos intensa y muchísimo menos duradera. Es cuestión de convencerse de que “no me falta nada” y de que no pasa nada por no leerlo un día (dos con el Domingo) a la semana. A mí me va bien el experimento.

3/9/07

Nunca más en agosto

Ya está. Decidido. ¡Por éstas!: A partir del próximo año, no más com-prar el periódico en Agosto (equivalente a no más comprar El País, que es el único que he comprado desde su primer número, no porque me parezca un buen periódico sino porque —¡qué panorama!— es el que me parece el menos malo). Decisión que se une a la de no comprarlo en Domingo, que tomé hace años y he cumplido a rajatabla, da igual la colección que empiecen (ya se sabe: ‘colección de cuchillos con el filo firmado por artista genial’, ‘de uve dés de los mejores clásicos del siglo XXII’, ‘reproducción a escala de la espada de alejandro magno’, etc.), y decisión que se une también a la de no comprarlo los Viernes (¡qué descanso!) que llevo a la práctica desde hace unas semanas. A este paso, terminaré por no comprarlo ningún día. De los llamados “gratuitos” me libré hace tiempo desde que no paso por ningún sitio donde tenga que decir, acompañando con un gesto de la mano, cuando me lo ofrecen: “No, gracias”.

P. D. A lo mejor el nuevo diario que se anuncia suponga para mí el adiós definitivo aL PAÍS. Uno de los factores que lo decidirán será el respeto que muestre hacia los lectores a la hora de publicar las cartas al director.

1/9/07

Haciendo el agosto

De forma parecida a como el Atentado ha venido a salvarle la tempora-da a la Prensa general, tan especialmente infumable y con las ventas un tanto maltrechas en los meses de agosto y, al parecer, perdiendo lectores (y publicidad —su verdadero negocio, véanse si no los periódicos llamados "gratuitos"—, por tanto) a lo largo del año, así también la muerte “como del rayo” de un futbolista le ha servido, le va a servir, a la Deportiva, esa excrecencia de la prensa, para lo mismo: ya me imagino a los consumidores devorando, compungidos, la noticia y sus secuelas. Claro, no sólo la Deportiva ha hecho su agosto sino también, y más si cabe, la primera. Y ya verán cómo, también, las revistas de peluquería.