TE LLAMARÉ MUNDO

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5/3/09

Su salud es la nuestra

O, más acorde con el habitual tuteo de la publicidad,
y de paso se evitaría la ambigüedad del ‘su’, Tu salud es la nuestra. Este podría ser el eslogan de las compañías médicas dedicadas al negocio de la salud, es decir de la enfermedad, tipo, digamos, Adeslitas, Saneslas, etc.
Tales compañías, nacidas al amparo del liberalismo económico (se hace negocio de lo que haga falta en nombre de la sagrada libertad económica), son las primeras interesadas en que la sanidad pública funcione mal, algo en lo que los gobiernos de los estatículos autonómicos colaboran en cuanto tienen ocasión, en especial los regidos por la derecha, pues, mal que bien y a trancas y barrancas, aún la izquierda (o sedicente izquierda, más bien) mantiene la querencia, o prejuicio, si se quiere, a favor de la sanidad pública (¿rémora del pasado a punto de fenecer?).
Por otra parte, a estas empresas, como no podía ser de otra forma, la salud como tal les importa un pito. De hecho no son empresas que tengan su propio cuadro médico y sus empleados, sino que, en gran medida, son estructuras burocráticas que lo que tienen son contratos con clínicas privadas, y médicos, que a su vez tendrán subcontratos, a las que pagan según los servicios que prestan a los asegurados. Es decir, la clínica (o médico, dentista por ejemplo) presta el servicio en forma de pruebas médicas, operaciones quirúrgicas, etc. y le pasa la factura a la compañia correspondiente.
A este respecto conozco dos casos semejantes, con diferentes clínicas, que reflejan el negociazo de la medicina privada. Uno fue con ocasión de una intervención quirúrgica que no requería anestesia general sino local, como, efectivamente, así se hizo en su momento la operación. Sin embargo, el cirujano, al entregarle al paciente el volante que previamente a la operación tenía que sellar en las oficinas de la sociedad, había consignado, además de la intervención que se iba a llevar a cabo, 'anestesia general'. El otro caso es muy parecido, sólo que en vez de tratarse de una intervención con anestesia se trataba de una prueba exploratoria que ni siquiera requería anestesia local sino una simple sedación, haciendo constar en el volante anestesia general. ¿Qué significa esto? Pues que la clínica en los dos casos cargaba a las compañías médicas por un servicio que no había prestado. Se podrá pensar que esta práctica va en contra de las compañías, pero sería ingenuo, porque lo que es evidente es que, de una forma o de otra, acaba repercutiendo en el precio de la póliza de los asegurados.




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