12/3/10

Dos horas con Delibes

Creo que conocí a Delibes, literariamente hablando, en la obra que Lola Herrera representó hace unos años: impresionante, Herrera; dos horas, ella sola, sobre un escenario en el monólogo de la obra de Delibes Cinco horas con Mario. Recuerdo que luego me faltó tiempo para comprar y leer el libro: hilarante. Más tarde vino la lectura de Las ratas, Diario de un cazador, La sombra del ciprés es alargada, Señora de rojo sobre fondo gris, El hereje... y alguna más que no tengo en casa.
       Algo que, interiormente, le reproché siempre al escritor era su vicio del laísmo, incorregible a lo que se ve, porque, aun siendo académico, persistió en él. Un error que si es muy entendible en el habla no lo es en un escrito, menos aún en un libro, que se supone que se revisa.
       En homenaje al gran escritor, un fragmento, un poco al azar, de C H c M (cap. XIV):

(Habla Carmen, viuda de Mario, ante el ataúd de éste)

«Desde el mismo día que mataron a Elviro, Encarna andaba tras de ti, Mario, eso no hay quien me lo saque de la cabeza, que tu cuñada será lo que quiera, que en eso no me meto, pero tiene unas ideas muy particulares, que a saber qué se pensaba, porque qué asedio, hijo de mi alma, no hay derecho, que aquí, para inter nos, te confieso que ya de novios, cada vez que la oía cuchichear contigo en el cine, me llevaban los demonios y tú todavía, disculpándola, que era tu cuñada, que había sufrido mucho, sentimentalismos, ya ves luego, Encarna hasta en la sopa, vaya temporaditas, y, por si no fuera bastante, dándola dinero [sic por –la] en Madrid, que todo se sabe, Mario, que el diablo sabe más por viejo que por diablo, y no voy a decirte que se pusiera a trabajar, que eso lo último, pero padres tiene me parece a mí. Ahí tienes a Julia, con mi padre vive y no la ha pasado nada por eso [sic de nuevo por 'la'], que no es que haya puesto una pensión, pero lo de alquilar habitaciones a estudiantes norteamericanos es de buen tono, ya ves, que ahora está de moda...»

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