27/11/09

La prensa y la publicidad

Ayer jueves, en la edición de El País del día hice el siguiente cálculo aproximado: de un total de 72 páginas, incluidas las del suplemento de 'Madrid', 24 eran de publicidad, incluidos los anuncios por palabras y en estos, los de prostitución. No recuerdo si traía algún panfleto publicitario encartado, y si así fue lo deposité directamente en el primer contenedor de papel que encontrara, como suelo hacer.
        La proporción dicha la tomo como normal o de lo más habitual, por corresponder a un jueves, porque recuerdo, de cuando hace unos poquitos años compraba el periódico el viernes, que este día era un auténtico tocho, aunque nada comparado con el del domingo, día de la semana que hace más años aún que no compro periódico alguno, y tan ricamente, por cierto.
       Pero, siguiendo con mi cálculo, quiere decirse que por cada dos páginas de información propiamente dicha había una de publicidad (sin contar la publicidad encubierta: de hacerlo, probablemente las 24 págs. serían 30). O sea, cada dos informaciones, u opiniones, tanto da, sostenían un anuncio. O, lo que es lo mismo, para incrustar un anuncio se necesitan, y se fabrican por tanto —"se producen", como dicen los locutores—, dos noticias (catástrofes, escándalos, matanzas, secuestros, rescates, suicidios, malostratos, condenas de malostratos, declaraciones idiotas, contradeclaraciones no menos idiotas; grupos de vecinos vociferantes y justicieros ante los juzgados para reclamar todo el peso de la ley, y aún más si hiciera falta, sobre el reo; sentencias judiciales, opiniones sobre sentencias judiciales, cartas al director, reivindicaciones, manifestaciones, asesinatos terroristas, manifestaciones para gritar que no se está de acuerdo con los asesinatos terroristas, crónica del partido del siglo, comadreos, última novedad cultural o editorial, crítica sobre la última novedad cultural o editorial...).
       A donde quiero llegar es a que la información seria está al servicio de la información publicitaria —y ésta, claro, al servicio del dinero—, que es de donde la prensa obtiene los beneficios, y como ejemplo extremo está la llamada "prensa gratuita", este diario, por ejemplo, que nos acoge, que nos sirve de soporte para que pongamos nuestras cositas en letra de imprenta, a cambio de servirle de soporte para la publicidad.
      Otra cosa que me parece que queda bien clara es la perfecta imbricación entre prensa y dinero o, dicho más a la antigua, entre prensa y capitalismo. Hoy sería imposible que éste funcionara sin aquella. De ahí que resulte absurdo esperar de los medios nada realmente nuevo y amenazante para el "Sistema". De ahí también que la prensa resulte la metáfora e imagen perfecta del "Sistema".
      A propósito de amenazas para el "Sistema", ayer hubo cierto escándalo, otro más de los que tanto gustan, pero esta vez con los propios diarios como "protagonistas", como dirían también los locutores, o con algunos de ellos. Me refiero a que ha habido gente, jornalistas y opinadores profesionales mayormente, que han montado en cólera porque, por lo visto, una docena de periódicos publicaron el mismo editorial, en apoyo, parece, de la constitución de una de las españas o españitas: que si vendidos al poder, que si hasta ahí podíamos llegar con la libertad de prensa, etc.
(Supongo que hoy, la escandalera se habrá reflejado en la prensa escrita —además, ¿cómo no?, de en la impúdica verborrea de arradios y televisiones— pongamos a tres páginas por periódico dedicadas a tan transcendental asunto, que, si mis cálculos son correctos, habrán proporcionado una y media de publicidad).
       La prensa no es que se venda al poder, sino que es el poder o lo sustenta, aquí y en las chimbambas, pero sobre todo aquí —quiero decir en "occidente" o "primer mundo", donde padece hipertrofia—, donde es una de las mejores armas del poder. Y quien piense que los medios están para luchar contra él ya se puede ir bajando del guindo.

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