4/11/09

El público y el empresario

Es un tema que tenía en cartera. No veo el anunciado hasta la náusea programa de la Te uVe en el que el público (pero, "¿Quién es el público y dónde se encuentra?", que decía el otro) pregunta a prohombres, de las finanzas o de la política, que para el caso da igual.
      Pero aunque no lo veo, como el machaqueo tras cada edición es continuo con los resúmenes que la propia cadena, en autobombo, se encarga de hacer, el otro día oí decir a uno de los primeros que los empresarios lo que quieren es crear puestos de trabajo.
      Falso: el fin inmanente y trascendente de los empresarios es el de obtener los máximos beneficios posibles, tanto si para ello tienen que crear —¡oh verbo teologal!— puestos de trabajo como si tienen que destruirlos. Estos, como fin, les importan un bledo. Les importan, claro, como medio —el menor número de trabajadores posibles, según sus sesudos cálculos— para conseguir el susodicho fin.
      Pero lo curioso es que el público, cuando oyó la declaración del prócer, no estalló en los más sonoros de los abucheos y pateos que se hubieran podido oír en un estudio de televisión. Y no lo comprendo.

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