29/4/11

¡Cuánto rigor del Ayuntamiento!

Seguro que todos hemos recibido alguna vez imeils, sobre todo de organismos oficiales, en los que al final del texto aparece, sistemáticamente, la siguiente coletilla o alguna otra por el estilo: «Este mensaje es confidencial y se dirige exclusivamente a su destinatario. Si ha recibido este mensaje por error, debe saber que su copia y uso están prohibidos... ».
         El aviso, presumo, no puede ser más inútil, porque no creo que haya nadie que haga caso de él en el supuesto de datos verdaderamente confidenciales que alguien estuviera dispuesto a difundir, datos que, por otra parte, sería una imprudencia enviar por imeil, confiando en que semejante aviso pudiera impedir hacer mal uso de ellos.
         Pero a esta inutilidad, el Ayuntamiento de Alcorcón, más papista que el Papa, por lo que se ve, le da otra vuelta de tuerca y añade una idiotez (doble) —que pongo en cursiva—, consistente en que el aviso reza: «Si ha recibido este mensaje por error, debe saber que su lectura, copia y uso están prohibidos». En primer lugar no sé cómo el remitente del mensaje podría enterarse de que el receptor lo haya leído. Pero es que, y aquí viene el que la idiotez sea por partida doble, como el aviso dichoso aparece al final del imeil, quien lea el aviso es porque ya ha leído el mensaje. La sandez es equivalente a que a alguien se le ocurriera colocar al final de una calle, carretera, etc. la señal de prohibido circular por ella. No es que yo pretenda del Ayuntamiento que coloquen el susodicho aviso al principio, sólo faltaría eso para, probablemente, liar el texto del correo, sino que quiten la bobada de que no se lea lo que no va dirigido a uno.
         A lo mejor escribo al Ayuntamiento sobre esto... a ver si lo entienden, y quizás les sugiera que al aviso añadan algo como: «Si usted, a pesar de la advertencia, ha leído el mensaje que no era para usted, acuda inmediatamente a la comisaría más próxima a denunciarse, por mor de la justicia. Y, además, si es usted católico, vaya a confesarse del pecado, por mor de la pureza; pero confiésese antes de ir a la policía, no vaya a ser que ésta lo entregue al juez y éste a su vez lo enchirone en prisión preventiva hasta que salga el juicio dentro de unos años». Ya comprendo que quedaría un poco largo, pero merecería la pena para advertir al incauto lector que lee imeils que aparecen en su correo pero que no son para él.

27/4/11

Sociedad tolerante

Hoy es un día de esos de El día de..., que se hacen una vez al año, supongo que para no tener que hacer nada los 364 días restantes. Hoy es el día contra el ruido. El ruido, un problema contra el que me temo que ningún Ayuntamiento, del color político que sea, está dispuesto a luchar, entre otras cosas por lo poco espectacular y electoral que puede resultar. De hecho, ahora que se aproximan elecciones, y aun teniendo en cuenta lo poco atento que estoy a los programas-propaganda de los partidos, no he oído a ninguno de estos hacer mención del asunto. También cuentan con que no es, precisamente, una reclamación muy insistente por parte de la población. Por otra parte, ¿cómo reclamaría ésta... sin hacer ruido? ¿hay posibilidades de que la Autoridad competente ceda a reclamaciones si no se hace ruido?
         Sea como sea, a pesar de todo, y como contribución por si sirve de algo a este día copio del libro de Guido Ceronetti, El silencio del cuerpo: «Quien tolera los ruidos es ya un cadáver».

24/4/11

¿Otra prueba de que Dios existe?

No sé por qué dice usted, que quizás se tenga por ateo y hasta puede que se ufane de ello, que Dios no 'existe' cuando constantemente está dando pruebas de que sí, y a veces pruebas de alcance universal. Hace poco ha arrasado el Japón con unos terremotos, que se han llevado vida y hacienda de justos y pecadores. Que esta destrucción no tiene ni puede tener sentido, lo sabe cualquiera excepto los creyentes que se lo buscan. Y que esto es cosa de Dios no es que lo diga yo: lo ha dicho el Papa Ratzinger, con nombre de reinado Benedictus XVI, ilustre teólogo, quien de esto debe de saber mucho, ante la pregunta de una niña, "¿Por qué los inocentes siguen sufriendo?", ha contestado: "Es parte del diseño de Dios para nosotros", hija mía.

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● Haitiada

23/4/11

El alma y la guitarra

Una corresponsal del diario El País contaba ayer en una crónica desde Bolonia un programa televisivo grabado en el que el Papa contestaba a preguntas de oyentes.

A la corresponsal se le ve la oreja hagiográfica a lo largo de la crónica. Tiene incluso un momento cómico cuando escribe: «Es la primera vez en la milenaria historia de la Iglesia que un Papa se enfrenta a la audiencia televisiva»; como si la televisión fuera también milenaria.

La primera intervención recogida es la de una mujer que pregunta, "al lado de una cama donde yace un hombre enchufado a un respirador", "¿Santidad, dónde está el alma de mi hijo?". Y el Papa: "El alma sigue en su cuerpo. La situación se parece a la de una guitarra cuyas cuerdas estén rotas, así que no se pueden tocar. [...]. El alma no puede sonar, por así decirlo, pero sigue presente". Si no fuera por lo dramático de la situación de esa mujer y su hijo darían ganas de reír con la inepta metáfora del teólogo Ratzinger. Pero en fin, dejando la tontada de esa alma que estaría averiada como las cuerdas de una guitarra, voy a uno de los principales argumentos de la performance papal.

Que el Papa no se sale ni un momento del milenario guión de la Iglesia —al que por muy milenario que sea, el guión no yo, no me acostumbro— queda sobre todo claro cuando ante la pregunta de una niña, "¿Por qué los inocentes siguen sufriendo?", responde, con una (aparente) duda al principio de la respuesta, como queriendo tal vez presentarse cercano a la grey: "Eso mismo me pregunto yo [...], pero solo te puedo decir que algún día [¿cuándo?, preguntaría yo, ¿cuando cada uno la palme individualmente? ¿cuando la hayamos palmado todos?] entenderemos [él parece haberlo entendido ya] que hasta el sufrimiento que nos parece injusto es parte del diseño de Dios para nosotros". ¡"Que nos parece injusto", dice el tío!

Fíjense: que Elena, que así se llama la niña y vive en el Japón, hable, según la corresponsal, "de su terror por haber sentido temblar su casa, haber visto morir a muchos amigos suyos y no poder bajar a jugar al jardín por temor a las radiaciones", una tragedia mínima, por otra parte, si lo comparamos con todo lo que ha ocurrido en ese país, sólo nos tiene que parecer injusto, pero que a lo mejor no lo es —vamos que seguro que no lo es, según Ratzinger—, porque forma parte de los planes divinos para el hombre, de Su diseño, para el bien del hombre por supuesto. Es decir, también el dios del Papa y su iglesia exige sacrificios humanos como cualquier otro dios. ¡En el nombre de Cristo nuestro señor, de quien el Papa es sedicente sucesor, que el Gran Diseñador deje ya de diseñar, que cese de una vez!

16/4/11

«Los amos de la calle»

Revista de prensa

Es el título de un editorial de El País del pasado jueves 14 de abril que tenía yo archivado. No pensaba publicarlo, pero he visto cosas publicadas de la carcundia católica o católica-fascista que me han animado a ello. Para contrarrestar más que nada. Aquí está el editorial:

«Con el paso de los siglos y la impunidad, el nacionalcatolicismo español ha desarrollado una sensibilidad enfermiza a las ofensas. Cualquier acto público (incluso privado) que no sea una adoración incondicional de la casulla se considera ipso facto una provocación. El corpus administrativo de la Iglesia, jaleado por las columnas de extrema derecha, han colocado al catolicismo oficial en estado de exasperación patológica. A la Asamblea Vecinal La Playa de Lavapiés se le ocurrió organizar una "procesión atea" (convertida después en manifestación) el próximo 21 de abril, Jueves Santo. En mala hora; las fuerzas vivas del municipio entienden que es "una burla, una mofa de una confesión religiosa" y se malician "alteraciones del orden público" (palabras del vicealcalde Cobo); una Asociación de Abogados Cristianos ha denunciado a los organizadores y a la presidenta de Madrid, Esperanza Aguirre, liberal de Hayek, le ha faltado tiempo para encampanarse con esta "ofensa a los católicos madrileños, que no se atreverían a hacer jamás en relación con otras religiones".

Nadie sabe de qué otras religiones habla la señora Aguirre. Solo la católica ocupa las calles de Madrid (y de cualquier ciudad) como si fueran suyas, corta el tráfico a voluntad y atruena con tambores y música fúnebre. Solo la liturgia católica ocupa a discreción los espacios públicos, y no solo en Semana Santa, sino cuando place a cardenales y obispos. Alcaldes y concejales (véase el caso de Madrid) humillan la cerviz y pasan a los ciudadanos la factura del hartazgo.

A pesar de este insulto conceptual (puesto que los católicos son mayoría, todo les está permitido) y del dinero que mana desde Hacienda hasta los ecónomos eclesiásticos, la curia española plañe como si viviéramos en la persecución de Domiciano. De escuchar sus lamentos, parecería que los cristianos son devorados por las fieras todos los días en Las Ventas o en la Maestranza. Que en España haya ateos con derecho a ocupar una calle en Jueves Santo es prueba de martirio. Vista la vociferante campaña contra la procesión atea, la sociedad española necesita un repaso de laicismo. Que, como explicó Bertrand Russell, no es lo contrario de religión, sino del clericalismo».

7/4/11

La monada de los carriles-bici

El consummatum est de los carriles-bici ya se ha producido en Alcorcón. Sin que las autoridades municipales hayan podido cortar la cintita inaugural, incluso dar unas pedaladas (parece, ¡vaya por Dios!, que está prohibido inaugurar cosas hasta después de las elecciones), ya tenemos una monada de carriles tan de diseño, tan pulcros, tan recortaditos, pintados en tramos de colores verde o apimentado, alternancia de colores que no sé lo que significa, aunque me imagino que será para evitar al ciclista la monotonía (¿?), con la raya blanca en medio separando los dos sentidos de la marcha, que debe de ser una gozada verlos a vista de pájaro.

Otros tramos, en los cruces con las aceras (quiero decir con las aceras propiamente dichas, porque los carriles también son aceras, son terreno usurpado a éstas, de hecho son aceras-bici) están enladrillados, adoquinados, que parece que significa que el peatón tiene prioridad (¡pero atención, peatón, que, aunque así sea, que no estoy seguro, eso no quiere decir que puedas ir por la acera tranquilamente, como si la acera fuese una acera, sino que, si te atropellan, las de perder, y allá tú con las lesiones o los sustos que te causen, las llevaría el ciclista).

Lo más divertido —se lo deben de pasar pipa los ciclistas— son la cantidad de señales, unas en postes —postes significantes—, otras pintadas en el suelo, que se van a encontrar. Que si esto es una vía ciclista. Que si stop, que si ceda el paso. Que si no corra a más de veinte —¿llevan velocímetro las bicicletas?—. Que si obligatorio (¿?) para las bicicletas circular por el carril: ¡una señal colocada en el carril!, con lo que se supone que el de la bici la ve cuando ya está en él.

¿Y para las coches? Pues tampoco se han quedado sin señales que obedecer. La de: peligro, circulación de bicicletas es una de ellas, que yo recuerde. Otra es la de unas rayas pintadas en el suelo, cruzadas en la calzada, en paralelo a los pasos de peatones, que han quedado divididos en mitades.

Y todas estas monadas sin que ningún partido, ahora que se aproximan las elecciones, haya abierto la boca en contra. "¿Pero qué dice usted, hombre? ¿Oponernos nosotros? Si eso es lo moderno y lo ecológico".

Pero en fin, como parece que a los peatones no nos salva ya del carril-bici ni la paz ni la caridad, lo que no deberíamos permitir es que las bicicletas circularan por las aceras, de ningún modo. ¡Bicicletas por las aceras, no!

1/4/11

Paráfrasis

«(Mairena, en su clase de Retórica y Poética)

—Señor Pérez, salga usted a la pizarra y escriba: "Los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa".
El alumno escribe lo que se le dicta.
—Vaya usted poniendo eso en lenguaje poético.
El alumno, después de meditar, escribe: "Lo que pasa en la calle".
Mairena.—No está mal.»

(A. Machado, Juan de Mairena, I)
***
—Don Felipe, cuando salga usted a leer su discurso meta algo sobre Gibraltar.
El príncipe saca unos papeles y lee: "El contencioso histórico bilateral que aún sigue pendiente...".
García (En sordina).—Ridículo, Príncipe.

17/3/11

¿Son necesarias las necesidades de energía?

Hay un planteamiento en el que tienen razón quienes aseguran que aunque no nos guste la energía nuclear hace falta para atender las necesidades energéticas de la sociedad. Es sólo que quienes eso afirman no ponen en cuestión tales necesidades; no plantean la necesidad de esas necesidades: entiéndase, la necesidad para la gente y no para el sistema basado en el constante consumo para la producción y la producción para el consumo; necesidades al servicio del movimiento del dinero inducidas especialmente por la publicidad; necesidades, en fin, innecesarias.
       Me vienen a la memoria los versos de Antonio Machado (en Proverbios y cantares, de Campos de Castilla), que tan claramente dicen lo que yo con tanto enredo y trabajosamente trato de decir:

                              Bueno es saber que los vasos
                              nos sirven para beber;
                              lo malo es que no sabemos
                              para qué sirve la sed.


        Pues eso: ¿Para qué sirven las necesidades de energía que la energía atómica —y las otras, por supuesto— satisface?

16/3/11

Escarnio a las víctimas

Hace falta ser fanático para explicar (¿?) —lo leí ayer en un blog de por aquí— lo que ha ocurrido —está ocurriendo— en el Japón como un castigo divino por tanto aborto, tanto divorcio, tantos ataques a la familia tradicional...

"Y entonces", preguntaría uno ingenuamente, "aun aceptando lo inaceptable de semejante castigo a los pecadores ¿a qué se debe el castigo contra quienes no han abortado ni se han divorciado ni... ?". "¡Dios escribe a veces derecho con renglones torcidos!", replicaría, probablemente, el mismo fanático. "¿Ah, sí?", contestaría uno a su vez, "¡Pues ya podría meterse Dios sus renglones torcidos por donde yo le dijera... y aun los derechos!".

Fanatismo, afrenta a las víctimas y falta de caridad cristiana, todo en el mismo lote del fanático.

Ni el mismo Jesús se atrevió a poner como causa de la ceguera de nacimiento el pecado del ciego —ni el de sus padres—, aunque, eso sí, lo cargó en la cuenta de la voluntad divina sólo para que ésta se manifestara, con lo que, por cierto, tampoco Dios quedaba en muy buen lugar.


          Pasaje aludido:
«Pasando [Jesús], vió a un hombre ciego de nacimiento, / y sus discípulos le preguntaron: Señor, ¿quién pecó: éste o sus padres, para que naciera ciego? / Contestó Jesús: ni éste ni sus padres pecaron, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios».
          Juan 9, 1-3

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● Haitiada

7/3/11

La raya

A propósito de la reducción del máximo de la velocidad en la Autopista han aparecido por doquier expertos en consumo, o en ahorro, de gasolina —essence—. Hace unos días salía uno aquí demostrando, con formulita y todo, que la disminución de la velocidad aumenta el consumo. No seré yo quien lleve la contraria ni en un sentido ni en otro,
(entre otras razones por dos, principalmente: 1. Porque no quiero dar más pábulo a lo que no parece ser sino asunto capital para los medios y su negocio publicitario. Y 2. Porque el asunto en sí del despilfarro de carburante me importa un comino: no deja de ser un episodio más de la ciclotimia del régimen dominante del dinero, de sus ciclos maníaco-depresivos)
es sólo que, sin entrar en muchos intríngulis, me doy cuenta de que un hombre corriendo se cansa más (¿gasta más energía?) que andando a paso vivo, y más a paso vivo que paseando. Y es también que si el gobierno, temiendo las consecuencias de unas guerritas o guerrillas que se están produciendo en el norte africano, con el fin de incorporarse sus habitantes al régimen universal, ve peligrar el suministro de energía para que anden los coches —y, como símbolo, el sistema—, lo lógico sería que se fabricaran menos.
(Más de uno, seguramente mejor informado que yo, me diría: "¿Estás loco?, ¿Y los puestos de trabajo? Y, además, ¿no te has enterado de que es el gobierno, precisamente, el que ayuda con subvenciones a la compra de coches?").
Pero bien, lo que sí me interesaba destacar del disgusto de los conductores por la medida de la reducción de la velocidad es que no creo que se deba tanto a la pérdida de tiempo por tener que ir más despacio
(ayer salía por la pantalla un experto en algo, quien había calculado que se iban a perder tropecientas mil horas —no recuerdo que dijera para qué se perdían— como consecuencia de la dichosa reducción. Ya puesto, podría haber calculado cuántas se pierden con el trasiego inútil automovilístico para no ir a ningún sitio, como es lo habitual, y para no hacer nada)
ni a un cierto temor a aburrirse conduciendo a una velocidad más baja (ya hacen falta ganas para pasárselo bien conduciendo), incluso a dormirse como pronosticaba un as del volante (también hacen falta ganas para hacerse un as en esto), sino a que lo consideran nada menos que un atentado contra la libertad (¡gobierno liberticida!, habrá exclamado más de un liberaloide o acratoide, como cuando lo del tabaco), cosa por otra parte nada extraña dado el carácter simbólico de libertad que la velocidad tiene. Pero hasta tal punto llega el simbolismo que rebajar los 120 hasta ahora permitidos a 110 es como pasar una especie de gradiente o raya que separa la libertad de la tiranía.

6/3/11

"Menos prohibiciones"

Ha dicho un prohombre que "menos meterse en la vida de la gente y menos prohibiciones", en reproche al gobierno que, por lo visto, está prohibiendo mucho. No, quien ha hablado no es de ningún grupo ácrata sino que es el líder de... su partido.
       No dice a qué prohibiciones se refiere sino que, en elipsis, digamos, considera que ya se sabe porque no se habla de otra cosa últimamente y se aprovecha del tirón de impopularidad que algunas prohibiciones tienen.
       Porque no piense usted que se refiere a la prohibición de circular con los autos a más de 120 kms. a la hora, sino a la de prohibir pasar de los 110, que esto sí que atenta contra la libertad del conductor. (Lo de prohibido pasar de los 120, que ellos mantuvieron, sería para no caer en el libertinaje; porque ya se sabe 120 = libertad; 110 = tiranía; más de 120, libertinaje. Y ellos le tienen muy bien tomada la medida a la libertad). Decía: ni a la prohibición de fumar en los sitios en que cuando ellos gobernaban ya estaba vigente. Ni a la prohibición de casarse entre personas del mismo sexo, prohibición que pretenden que mediante sentencia de un alto tribunal se la sirvan en bandeja. ¿Levantarán estos ventajistas, si gobiernan, las prohibiciones? ¿Pero cuáles? En fin, mejor dejar a ver si esta tropa de demagogos se acaban cociendo en su propio caldo.

24/2/11

e = mc2

Descubra otro significado de la fórmula pasando el puntero del ratón sobre ella.

mc = e

21/2/11

DGT: ¡que te zurzan!

La Dirección General de Tráfico (puede que la Dirección más importante entre todas las de la burocracia del estado —que serán unas cuantas—, dado el papel tan esencial de éste de ordenar algo de tanta enjundia como es el tráfico de, a su vez, algo de tanta importancia para el estado como los automóviles), más conocida como Degeté, podía haberse circunscrito, para la ordenación, otra más, a una medida tan razonable como la limitación a 30 km/h de la velocidad automovilística en ciudad. Velocidad máxima, por otra parte, que no tendría que impedir que en algunas zonas o calles fuera incluso inferior. Aparte de otros beneficios, uno que me parece claro de esta medida es el facilitar mucho la circulación de bicicletas por la calzada.
       Pero no. Insatisfechos con hacer las cosas bien y como si estuvieran pidiendo perdón a los coches por tal limitación y quizás tratando de compensarles, la han tenido que fastidiar y van a disponer que las bicicletas puedan circular por las aceras —en teoría por las de más de tres metros de ancho. De hecho, por cualquier acera—. Otra vuelta de tuerca en contra del peatón. Otro incordio más en contra de él, que verá asaltado, violado, usurpado lo que tendría que ser su territorio sagrado, territorio en el que el peatón tiene que ser señor.
       Por muy bien que intenten regular la circulación de las bicis por las aceras, y aun en el mejor de los casos en que las normas se cumplan, será un riesgo y una molestia para el peatón. Me pregunto, por ejemplo, y es sólo eso: un ejemplo de los muchos que se podrían poner, qué puede ocurrir en las esquinas, en las que te puede salir una bicicleta por un lado. (A mí hace unos años, creo que ya lo he contado en otra ocasión, me salió un mamarracho en moto por la acera al ir yo a dar la vuelta a una esquina: ¿que no es lo mismo una moto que una bici? De acuerdo, pero también estas pueden hacer mucho daño y pueden asustar de muerte).
       En Alcorcón han construido hace poco, de hecho creo que no han terminado aún, un carril-bici —acera-bici— monísimo, quitando terreno a las aceras, de diseño modernísimo, que apenas nadie utiliza (los domingos por la mañana, y poco más, algunas familias que pedalean unidas), no por nada sino porque apenas si hay afición y mucho menos aún como medio de transporte, a pesar de lo que el Ayuntamiento diga de integrar la bicicleta en la circulación y bla, bla, bla. Y menos mal que apenas hay bicicletas, porque esto será lo único que nos ponga a salvo a los peatones del disparate que, al parecer, está a punto de cometer la susodicha Degeté. Me adelanto a posibles justificaciones —ahórrense comentarios en este sentido—: en los países denuestroentorno ya se hace. Me la bufa semejante atentado contra el peatón, aunque ya se perpetre, si así es, en esos países.

¡LAS ACERAS PARA LOS PEATONES!

4/2/11

Contenedores


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28/11/10

Adenda a «No hemos torturado a inocentes»

[Es el título de mi comentario anterior]

Vencida la pereza que me causa ponerme a leer la letra pequeña de las noticias me decidí a hacerlo con la entrevista al Ministro marroquí. Transcribo la parte que hace al caso de lo que comentaba en mi anterior artículo.

P. [...] ¿Va usted a admitir que ha habido saharauis torturados en las comisarías [...]?
[...]
R. No ha habido torturas a inocentes.
P. ¿Y a culpables?
R. Si han sido o no torturados, eso lo dirá la justicia.


Si no me equivoco, "y esta vez creo que no", como diría Jerry Lewis, la conclusión que se puede sacar es que el Ministro no puede asegurar que no haya habido torturas a 'culpables' aunque sí lo hace respecto a 'inocentes'. Pues bien, si no puede asegurarlo es porque cabe la posibilidad de que haya ocurrido, y si esta posibilidad no cupiera, a la pregunta del entrevistador "¿Va usted a admitir que ha habido saharauis torturados en las comisarías?" debería haber respondido: No lo voy a admitir porque no ha habido torturas. Y, ya puesto, añadir: Ni en las comisarías ni en ningún sitio. Sin embargo es él quien se pone a distinguir entre 'inocentes' y 'culpables', poniendo el énfasis en que no se ha torturado a 'inocentes'. ¡Cómo se le ve la oreja al prócer marroquí!
       Por otra parte, mucho me temo que tras esa implícita y perversa justificación de la tortura a detenidos si son culpables (¡considerados culpables por la propia policía!), lo que hay es un refuerzo o confirmación por parte del torturador de la calificación previa entre 'inocentes' y 'culpables', calificación que necesitaría en su fuero interno como arranque para la tortura, y que, una vez empezada ésta, vendría a confirmar al torturado como 'culpable', 'malo', 'basura', 'infrahumano' o cosas por el estilo. Dicho de otra manera: que si el torturador califica previamente a los detenidos como 'inocentes' y 'culpables' para poder darle a estos el tratamiento debido, cuando la tortura se perpetra el culpable queda confirmado como tal, su definición previa policial como tal se cierra. "Lo torturo, luego es culpable" sería la conclusión a la que la negra alma del torturador, pero negra como boca de lobo, llegaría. Es decir no ya el infame arranque "Es culpable, luego lo torturo" sino el más infame aún "Lo torturo, luego es culpable" confirma la infamia primera, la supera, la cierra y convierte la aberración en un círculo vicioso.

27/11/10

«No hemos torturado a inocentes»

Es un titular en El País de hoy, que el propio periódico entrecomilla se supone que por ser cita de lo que haya dicho el ministro de Exteriores marroquí. Naturalmente, se refiere al asunto del Sáhara y del Aaiun. Pero el Ministro debería haberse limitado a decir "No hemos torturado" o, si no hubiera querido resultar lacónico, "No hemos torturado a nadie", sin que tenga nada que ver desde el punto de vista de la legitimidad o de la ética el que los detenidos, víctimas de la tortura, sean inocentes o culpables. ¿O es que, de haber sido 'culpables', leña al mono?
       Porque, en efecto, tal y como el prohombre marroquí lo expresa daría a entender que se podría haber torturado a culpables, lo que sería una aberración jurídica, ética y hasta política. A no ser que lo que ha declarado el Ministro corresponda a una acusación de haber torturado a inocentes, en cuyo caso la aberración sería de quienes acusaran de torturar por ser las víctimas de la tortura inocentes, en vez de hacerlo simplemente por el hecho de torturar.
       No me he metido a averiguar, ni tengo por qué si no quiero, cual de las dos cosas es lo que ha pasado. Sólo me he quedado con el titular, que, se supone, tiene que corresponder al texto, y si no es así, el responsable es el periódico por sacar el titular de contexto.

2/5/10

De los bancos, los cajeros y el paro

El viernes último entré en un banco con el fin de sacar dinero de la pared y se me quedó la libreta atascada. No que se la zampara el cajero sino que una vez introducida por la raja al efecto no iba ni para adentro ni para afuera: se quedó asomando como medio cm. Como no estaba dispuesto a irme dejando la libreta en esas condiciones, reclamé a dos empleados hasta que finalmente, tras prácticamente colarme en el despacho de la directora, conseguí que ésta se hiciera cargo del problema y me liberaran la libreta de las garras del cajetín. En total unos 30 minutos.
         Mientras esperaba al lado del cajero haciendo guardia, y contestaba una y otra vez a la pregunta de los clientes que iban llegando y señalaban al chisme: "¿No funciona?", mientras tanto, digo, me sentía como el personaje aquel en la canción de Marieta, de Krae: (parafraseando) "Y yo allí sin mi libreta como un gilipoollas, madre, y yo allí sin mi libreta como un gilipo-o-o-o-llas".
         Bien, ¿y cómo es que con tanta tecnología, ideada ni más ni menos que para ahorrarse empleados, y aumentar los beneficios, que es el fin empresarial, ocurren estas cosas? ¿O es, precisamente, por eso mismo? Porque el problema es que cada vez se ven menos empleados en los bancos (y en otras muchas partes: ¿cuántos años hace que en sitios como ¡Qué corte tan inglés! empezaron a escasear los dependientes hasta el punto de que hay que ir buscarlos? O en las gasolineras con el "sírvase usted mismo". O en las taquillas del metro, que prácticamente han desaparecido. Y en el mismo metro, en el que hasta hace años, muchos ya, además del conductor iba un tipo que abría y cerraba las puertas), empleados de los bancos, decía, que, en el mejor de los casos, se sustituyen por cajeros que fallan más que una escopeta de ferias: ya se sabe, es que se ha caído la línea, así es que la culpa es de la telefónica, no del banco que se limita a instalar el trasto.
         Y todo esto de la última parrafada se traduce a la larga en destrucción de empleo, en ese paro que los "expertos" llaman "estructural" y que ningún gobierno acabará con él, por lo que ya va siendo hora de que los próceres de la política y del capital, en vez de dar a entender que, más tarde o más temprano, dejando por el camino no más víctimas que las que el progreso necesite —usted ya se hace cargo—, acabará trabajando todo el que quiera, lo aclaren: que hay un nivel de paro (que a su vez tiende a subir a medida que aumenta la tecnología) con el que no se va a terminar nunca. Dejar creer otra cosa es engañar.

P. S. ¿Que de qué banco se trata? ¿Pero eso qué más da? ¿No ve que todos se parecen y sin embargo son el mismo?

Otro P. S. La cola ante la ventanilla del banco era impresionante, como de unas 25 ó 30 personas, lo que se debía, sin duda, entre otros factores, a dos: 1. A que ahora no abran los sábados, medida que, si puede ser beneficiosa para los empleados actuales, a la larga es una amortización de puestos de trabajo. 2. A que el cajero en el que seguía presa mi libreta no funcionaba, porque a la directora le faltaron reflejos para ordenar cuanto antes el desatasco, como consecuencia del cual el chisme habría podido funcionar. Claro que, a lo mejor al banco le importa un pito que usted tenga que esperar más o menos porque sabe que no va a tener más remedio que de una forma o de otra hacer la gestión que necesite.

24/4/10

¿Habló la iglesia?: punto redondo

En efecto, la iglesia española ha hablado por boca de su portavoz el obispo Camino, arrimando el ascua a su sardina, y por lo que pueda ocurrir, me imagino, para ponerse de parte del uso del velo en la escuela. Sólo que yo, y ya que tantas veces se usa el argumento de autoridad para sancionar y hacer pasar por inatacable la opinión propia (al estilo de "Lo dijo Blas, no se hable más"), en este caso voy a darle la vuelta a la declaración del epíscopo, a convertirla en una especie de antiargumento de lo que él defiende (¿antiargumento de autoridad?): ¿lo dijo la iglesia?: pues entonces no tienen razón los del uso del velo. ¡La iglesia es mi guía!
       Por supuesto, esto no quiere decir, ni por asomo, que la tengan los mamarrachos antiinmigrantes, sedicentes políticamente incorrectos, patriotas a machamartillo, etc. que han aprovechado la ocasión para las cavernarias del tipo: "¡pues que se vayan a su país!". ¡Estúpidos!

23/4/10

Una rosa y un libro

Una rosa ya se sabe para qué: para adorno, colocada en un jarrón. ¿Y un libro? Para adorno, también, colocado en el mueble del salón o del cuarto de estar. Porque ¿cuántos de los libros que se compran se leen? No conozco cifras, pero me imagino que un porcentaje muy bajo. Un objeto, el libro, como ocurre con tantas cosas de las que se compran por mor de la publicidad —tan sutil muchas veces—, convertido en humo nada más sacado de la bolsa y colocado en la estantería. Creo que es así de triste.
       Por otra parte, la producción y publicación de libros es apabullante, la inmensísima mayor parte probablemente inútiles. Me pregunto qué pasaría si no se escribieran más: seguramente nada, dejando aparte el negocio editorial, claro; con los publicados hasta ahora ya tendríamos suficientes.

19/4/10

La cena de Vargas Llosa

Ayer publicaba Mario Vargas Llosa en El País un artículo con el título de Torear y otras maldades. Al leer el título, y como no conocía las inclinaciones taurinas de Vargas Llosa, pensé que éste consideraba las corridas una maldad y, por tanto, rechazables. Después de leer el texto, lo que pensé es que el título era irónico, pero luego me hizo dudar de la ironía —y sigo con la duda— y lo que tal vez considere es que son una maldad, pero una más entre otras y, por eso, parece creer, aceptable.
       Bien, sea lo que sea de la ironía o no del ilustre escritor, voy al contenido del artículo que es claramente taurófilo. Y lo es con los argumentos consabidos —tan caros sobre todo a intelectuales—, que no me voy a molestar en comentar, ya lo he hecho en otros posts: la langosta que también sufre cuando la cuecen; el toro que existe gracias a que hay corridas; lo bien cuidado que el animal está; la libertad de los aficionados; la ideología; la tradición; el juego de la muerte y de la vida; etc.
       ¿Y el argumento de la cultura? ¿No lo emplea don Mario? Por supuesto que sí, sólo que en una versión que yo hasta ahora desconocía, porque a la tauromaquia no le llama cultura sino (sic) "alimento espiritual". ¡Ah! ¡Qué sibilina, sugerente y retórica contraposición del autor!: langosta-alimento corporal / toros-alimento espiritual. Sólo que, por si acaso, porque no quita que algo pueda ser "alimento espiritual" para que sea una bazofia, se ha visto obligado a hacer la trampa de poner al mismo nivel de calidad alimenticia espiritual, por un lado los toros y, por otro, "un concierto de Beethoven, una comedia de Shakespeare o un poema de Vallejo". Pero dejemos aparte de una vez toda esta retórica de V. L..
       Lo que me puso los pelos como escarpias fue el último de los argumentos (dicho sea lo de "último" en los sentidos de que es el último que emplea y en el de lo nunca visto: ¡lo último en moda taurina!): "Prohibir los toros [...] reorientará la violencia empozada [lindo esto de la "violencia empozada"] en nuestra condición hacia formas más crudas y vulgares, y acaso nuestro prójimo". Esta última frase no la entiendo muy bien: supongo que se trata de una errata de imprenta y quiere decir algo como "y acaso contra nuestro prójimo". Y prosigue V. L., ironizando: "En efecto, ¿para qué encarnizarse contra los toros si es mucho más excitante hacerlo con los bípedos de carne y hueso que, además, chillan cuando sufren y no suelen tener cuernos?". Es lo que podríamos llamar los toros como homeopatía: si no fuera por las cuchilladas que recibe el toro nos las daríamos cada dos por tres entre prójimos, debido a esa "violencia empozada", como, según sabe todo el mundo, ocurre en sitios donde no hay corridas de toros: he ahí el origen de la violencia; por lo tanto, leña al mono... digo al toro.

P. S. El argumento de la langosta implica que si usted, al mismo tiempo que critica las corridas de toros, no presenta una enmienda a la totalidad a fin de evitar cualquier sufrimiento a cualquier animal, es usted un hipócrita y, por ende, no puede tener usted razón porque lo de menos es lo que usted diga: lo que importa es lo que usted sea; una clarividente forma de razonar de nuestro intelectual escritor.

17/4/10

Fruta del tiempo (4)

(A. Machado. En abril, las aguas mil, en Campos de Castilla, CV)

                                           Son de abril las aguas mil.
                                       Sopla el viento achubascado,
                                       y entre nublado y nublado
                                       hay trozos de cielo añil.
                                           Agua y sol. El iris brilla.
                                       En una nube lejana,
                                       zigzaguea
                                       una centella amarilla.
                                       La lluvia da en la ventana
                                       y el cristal repiquetea.
                                           A través de la neblina
                                       que forma la lluvia fina,
                                       se divisa un prado verde,
                                       y un encinar se esfumina,
                                       y una sierra gris se pierde.
                                           Los hilos del aguacero
                                       sesgan las nacientes frondas,
                                       y agitan las turbias ondas
                                       en el remanso del Duero.
                                           Lloviendo está en los habares
                                        y en las pardas sementeras;
                                        hay sol en los encinares,
                                        charcos por las carreteras.
                                            Lluvia y sol. Ya se oscurece
                                        el campo, ya se ilumina;
                                        allí un cerro desaparece,
                                        allá surge una colina.
                                            Ya son claros, ya sombríos
                                        los dispersos caseríos,
                                        los lejanos torreones.
                                            Hacia la sierra plomiza
                                        van rodando en pelotones
                                        nubes de guata y ceniza.

4/4/10

«¿Quién nos removerá la piedra del sepulcro?»

(Marcos, 16, 3)

¡Qué duda cabe de que la resurrección del Cristo es el milagro por antonomasia y, por tanto, el triunfo, también por excelencia, sobre la realidad! Porque ¿qué realidad más establecida que la de la muerte? ("la imposible al amor y siempre amada". A. Machado en Muerte de Abel Martín).
       'Pascua': etim. = 'paso', 'tránsito', en referencia a la celebración hebrea de la libertad del cautiverio en Egipto. El cristianismo adoptó el término para designar la Pascua de la resurrección de Jesús, aludiendo al tránsito a la vida desde la muerte, en un intento de consolarnos del miedo de ésta. Pero, abandonado el mito, u obtusamente reducido a "cosas de los creyentes" —¡y hasta a cultura e historia!—, ¿quién nos removerá la piedra de la realidad?

2/4/10

Fruta del tiempo (3)

[…]
¡No puedo cantar, ni quiero
a ese Jesús del madero,
sino al que anduvo en el mar!


(A. Machado en Campos de Castilla)

Me pregunto, a la vista de las procesiones televisivas de estas fechas (Teleaguirre es muy dada a ello para satisfacer —e inducir— una supuesta devoción de las masas madrileñas, al tiempo que se hace lo mismo con el turismo, ¿y se apoya también el

Hecho Cultural

porque en esto ha devenido la religión?), cuántos de los asistentes, contando turistas más o menos japoneses o venidos de otras regiones fuera de la de Madrid, entienden o recuerdan ni por asomo lo que se conmemora, que no es nada más (ni nada menos) que la muerte y resurrección del Verbo, aquél que apenas hace unos meses se había, una vez más, hecho carne.
       Me pregunto cuántos, fuera de la brillantez de hábitos, caperuzas, carrozas, trompeteos y canciones, admiración por el esfuerzo de los costaleros, apuros que pasan estos para el transporte —¡cuantos más apuros, más admiración despiertan!—, etc., cuántos, fuera de este carnaval, recuerdan el mandato de Jesús: «No lloréis por mí; llorad por vosotros y por vuestros hijos»

1/4/10

Placidez

Días plácidos los de estas pascuas. Siempre me lo han parecido. Días ideales para el dolce far niente, para la caminata tranquila, para la agradable sensación de no tener obligaciones. La tranquilidad viene, sobre todo, como no podía ser de otra manera, por la ciudad semivacía de coches y por la disminución del tráfico de los que se quedan, consecuencia a su vez del cierre de muchos trabajos, tiendas, etc.

Pero, y que Bécquer me perdone por el expolio:
  
                Volverán los latosos automóviles
                  por tu calle sus rüidos a cascar,
                  y otra vez con la peste a tus narices
                         atufando llegarán.

                  Pero aquellos que en el 'puente' se chocaron,
                  otro accidente y muerto al contemplar,
                  aquellos que tu cara vieron, ¡Parca!...
                         ¡ésos... no volverán!

(Variación sobre las dos primeras estrofas de la rima LIII)

29/3/10

Breves (17)

Era un hombre tan viejo que estaba hecho añicos.