8/5/11

«El clarín»

Revista de prensa

Es el título del artículo de hoy de Manuel Vicent en El País, artículo, un clásico, que inaugura cada temporada taurina. Soberbio.

«Si las batallas de la cultura se ganan y se pierden primero en el campo de la estética, antes que en el terreno de la moral, es evidente que la fiesta nacional, compuesta por un jolgorio alrededor del sacrificio público del toro, estéticamente ya ha perdido la batalla. Frente a la modernidad este espectáculo no aporta más que un residuo de caspa histórica, como única baza en espadas. Todo lo que rodea a la corrida comienza a parecer grimoso, hortera y pasado de moda si se compara con la pasión que despiertan en la juventud los héroes del deporte. No obstante la lidia de reses bravas, aunque agónicamente, persiste en los cosos durante las ferias e incluso rebrota en su nivel más cutre en las ceremonias bárbaras del toro de fuego, ensogado o alanceado en honor del santo patrón en los pueblos.

El argumento más sólido de la decadencia de la lidia estriba en que los toreros no anuncian ningún producto. Las agencias de publicidad no los requieren para incitarle a usted a beber juntos un refresco, a comprar una marca de calzoncillos o a viajar a las Bahamas. Puede que a un diestro más celebrado por la forma en que torea a sus novias fuera de la plaza lo vista Armani, pero a ningún matador lo ha contratado El Corte Inglés, prueba de que socialmente este oficio ya no se come una rosca. El rito de capear y acuchillar toros con cierta destreza se halla cada día más alejado de la mitología de los nuevos españoles. La primavera comienza con la Semana Santa. Vírgenes lacrimosas con el corazón traspasado por siete espadas, Nazarenos azotados por sayones, Cristos llagados y penitentes con cadenas discurren en medio de una plantación de capirotes cuyo espantoso alarde no deja de ser una morbosa exaltación de la violencia, una apología del terror, que pasma hasta a los chinos.

Esta liturgia religiosa da paso a la otra procesión de las corridas, la hecatombe infame del verano, que llena este solar de puyazos, degüellos, vómitos de sangre, moscas y descabellos. Ignoro si existen todavía taurinos con rizos lorailo-lailo en el cogote, que crean que es elegante fumarse un puro en la barrera de las Ventas en san Isidro, pero si se habla de estética, está claro que a ese mundo el tiempo ya lo ha derrotado».

6/5/11

¿Debatir sobre qué?

En la primera de El País de ayer (05/05/11), titular de noticia a una columna: «La muerte de [B. L.] aviva el debate sobre la tortura». Pero no sabía yo que semejante repugnante, inhumana, ilegítima, inmoral práctica admitiera debate. ¿Debatir sobre qué? ¿Sobre si la tortura es o no legítima o ética? El planteamiento en sí mismo, la posible duda y alternativa que implica discutir sobre semejante repugnante, inhumana, ilegítima, inmoral práctica —se practique en nombre de lo que sea—, con el posible resultado del debate, por tanto, al menos teóricamente, de que se pueda aceptar, me parece ya empezar a justificarla.

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5/5/11

Condenar

(Incluye viñeta del Forges)

En la actitud ante la muerte del Gran Malvado, lo malo del Presidente no es que se acogiera a la doctrina/posición de esa quisicosa llamada 'la comunidad internacional', algo que, en principio, parecería justificado, sobre todo si no se quiere disgustar al otro Presidente, el de los EE. UU., mentor de la operación en la que parece claro que el gran villano ha sido cazado como un conejo. Lo malo es que ha seguido bajo la misma égida después de oír las palabras de un diputado que habló de "terrorismo de Estado".
Tenía el Presidente que haber negado la mayor y haber saltado como un resorte replicando algo como que si él tuviera la sospecha de que había sido un crimen de Estado estaría sin ninguna duda en contra de la operación, cayera quien cayera.
Pero no lo ha hecho. Tal vez por una parte porque (ya en realidad lo estaba anticipando al decir algo como que "él se lo había buscado"), en su fuero interno, considera justificado el medio por el fin, y por otra, por no incomodar a las víctimas del terrorismo etarra.



4/5/11

Danza de la muerte

Revista de prensa

Hacía tiempo que no entraba en el blog de Antonio Muñoz Molina. Hoy, apenas si había terminado de copiar aquí el artículo de Elvira Lindo, lo he hecho y, ¡oh casualidad!, me he encontrado con el de ayer de AMM, titulado Danza de la muerte, "que trata de lo que verá el que lo leyere".

«Qué inmundicia, celebrar a gritos la muerte de alguien, quien sea, el mayor asesino. Estaba anoche trabajando junto a la ventana y me extrañaron las voces que clamaban cerca, muy pocas, desde luego, borradas en seguida. Me hizo pensar con extrañaza en una celebración deportiva española, bastante desmayada. Volvió el silencio de la noche de domingo y yo seguí trabajando. Luego llegó Elvira y me contó la noticia.

No recuerdo haberme alegrado ni con la muerte de Franco. No entendía a esas personas que guardaban en la nevera botellas de champán. Habríamos tenido motivo para celebrar si hubiéramos derribado la dictadura. Qué mérito había en esperar que la muerte hiciera su trabajo terrible en el cuerpo de un anciano traspasado de tubos, inundado de hemorragias internas. No me gusta ver las fotos de Mussolini colgado boca abajo junto a Clara Petacci, como dos cerdos después de la matanza. En vez de cebarse con esos dos cadáveres los italianos podrían haber vitoreado algo menos al dictador cuando estaba vivo. La prueba suprema de la vileza de los terroristas de la ETA era el modo en que celebraban en la cárcel los asesinatos que seguían cometiendo sus secuaces, o las pintadas macabras con que profanaban y no sé si seguirán profanando las tumbas de sus víctimas. Qué inhumana grosería, gritar viva la muerte. He conocido a personas que han participado en guerras, que han luchado en la resistencia contra los nazis. Ninguna de ellas se enorgullecía de haber tenido que matar. Me acuerdo de aquel discurso de Azaña, en medio de la guerra española, cuando dijo que ganara quien ganara nadie tendría motivo para celebrar ninguna victoria, después de tanto sufrimiento y destrucción. Los cazadores primitivos daban las gracias y pedían perdón al animal al que acababan de matar, porque de él dependía su subsistencia».

«Ese plural que provoca escalofríos»

Revista de prensa

Gran artículo —como, por otra parte, es habitual cada miércoles— el de hoy de Elvira Lindo en El País, con el título de El plural. Lo copio íntegro.

«Un ciudadano escucha ['oye', habría escrito yo] en las noticias que un cuerpo especializado del Ejército americano ha acabado con la vida del terrorista más buscado del mundo y se siente impelido a salir a la calle, a Times Square, a la Casa Blanca o a la Zona Cero y convierte esa noticia en un espectáculo. Ese individuo usa el plural al dirigirse a una cámara y decir, "lo hemos vencido, al fin hemos acabado con él, ese día tenía que llegar, lo hemos derrotado". Es ese plural el que ofende a las personas serenas, que no entienden la muerte, sea de quien sea, como celebración. Es el plural que aparecía en las primeras páginas de los periódicos gratuitos en el metro de Nueva York ayer martes: "Al fin lo hemos golpeado"; es el plural bíblico que utiliza sin miramientos el Washington Post, poniendo en boca de todos los ciudadanos americanos la siguiente frase: "Púdrete en el infierno". Es el plural que divide al mundo en dos planetas, Oriente y Occidente; el plural que separa a los seres humanos en buenos y en malos; el plural que tras el 11 de septiembre trazó un eje, el del mal, que sembró el rencor y la desconfianza; aquel plural decisivo para sustentar lo que fuera un continuo estado de emergencia, "la guerra contra el terror", y una excusa perfecta para defender invasiones contra todo derecho. Es un plural que marca una línea entre nosotros y ellos.
       Entiendo las dificultades que se derivan de esta acción contra Bin Laden: será complicado evitar una beatificación de quien ya era un icono. Bin Laden era un problema: vivo, muerto, preso o enterrado. Pero celebrarlo en plural tiene algo de victoria deportiva, algo naif, grosero. Y que conste que tampoco me siento incluida entre los españoles que hablan de "ellos", de los americanos, como si hubieran sido 300 millones de personas los que hubieran puesto en su boca ese plural que provoca escalofríos.»

2/5/11

¿Centinelas de Occidente?

¡Ay, Señor! ¡¿Qué haríamos sin ellos?! Esas mentes privilegiadas que nos descubren conspiraciones y que se han dado cuenta —no como el común de los mortales que nos lo creemos todo— de que el Gran Terrorista podría no haber muerto. ¿Qué digo "podría"? Que no, que no ha muerto, que a ellos no les engañan.

[Clasificado en categoría Breves con número XVIII]

¿Flechado?

Revista de prensa

En un editorial de hoy —Beato Juan— en El País me encuentro con la siguiente afirmación: "el pontífice [...] alcanzaba la primera estación que le conducirá, a no dudarlo, a la santidad [...]." La cursiva es mía. No sé qué significa tanta seguridad en el periódico: o que tiene mucha fe en el beato (¿ha quedado el diario seducido por él?) y, por tanto, que va como una flecha, imparable, hacia los altares, o que considera el proceso de canonización como puro trámite, como si la decisión ya estuviera tomada.

1/5/11

DE LOS LIBROS

[IV]

Del libro que estoy empezando a leer, de John Allen Paulos, Un matemático lee el periódico, copio un divertido fragmento que dedico a los conspiranoicos.

«Víctima de la obsesión, el teórico de la conspiración no busca coincidencias arbitrarias, sino sólo las que apoyan sus creencias [y necesita demostrar], y a causa de la galaxia de conexiones posibles que hay entre todas las noticias, casi siempre le sale algo. [...]. Este asunto me recuerda la lista de conocidas conexiones [yo no las conocía] que se han hecho entre Abraham Lincoln y John F. Kennedy. Lincoln fue elegido presidente en 1860, Kennedy en 1960. El nombre de ambos consta de siete letras. Lincoln tuvo un secretario llamado Kennedy y Kennedy tuvo otro llamado Lincoln. Lincoln y Kennedy fueron asesinados, respectivamente, por John Wilkes Booth y (al parecer) Lee Harvey Oswald, hombres conocidos por el nombre civil completo y que defendían posiciones políticas mal vistas. Booth disparó a Lincoln en un teatro y se refugió en un almacén; Oswald disparó a Kennedy desde un almacén y se refugió en un cine (theater en inglés).»

El último paréntesis, dado que el libro originalmente está escrito en inglés, supongo que se debe al traductor del libro y no al autor. Continúa éste relatando otro paralelismo que también haría las delicias de los fanáticos de las conspiraciones, seguramente. Se refiere a la muerte de otros dos presidentes de Estados Unidos muertos también en atentados y muy poco conocidos: William McKinley y James Garfield. Y termina el capítulo:

«Como es lógico, a veces hay coincidencias significativas y de vez en cuando conspiraciones reales. Pero a casi todas las coincidencias les falta sentido y casi todas las conspiraciones son fruto de febriles fantasías. Sospecho que son relativamente pocas las conspiraciones reales que consiguen mantenerse ocultas mucho tiempo; a la gente le gusta hablar.»

29/4/11

¡Cuánto rigor del Ayuntamiento!

Seguro que todos hemos recibido alguna vez imeils, sobre todo de organismos oficiales, en los que al final del texto aparece, sistemáticamente, la siguiente coletilla o alguna otra por el estilo: «Este mensaje es confidencial y se dirige exclusivamente a su destinatario. Si ha recibido este mensaje por error, debe saber que su copia y uso están prohibidos... ».
         El aviso, presumo, no puede ser más inútil, porque no creo que haya nadie que haga caso de él en el supuesto de datos verdaderamente confidenciales que alguien estuviera dispuesto a difundir, datos que, por otra parte, sería una imprudencia enviar por imeil, confiando en que semejante aviso pudiera impedir hacer mal uso de ellos.
         Pero a esta inutilidad, el Ayuntamiento de Alcorcón, más papista que el Papa, por lo que se ve, le da otra vuelta de tuerca y añade una idiotez (doble) —que pongo en cursiva—, consistente en que el aviso reza: «Si ha recibido este mensaje por error, debe saber que su lectura, copia y uso están prohibidos». En primer lugar no sé cómo el remitente del mensaje podría enterarse de que el receptor lo haya leído. Pero es que, y aquí viene el que la idiotez sea por partida doble, como el aviso dichoso aparece al final del imeil, quien lea el aviso es porque ya ha leído el mensaje. La sandez es equivalente a que a alguien se le ocurriera colocar al final de una calle, carretera, etc. la señal de prohibido circular por ella. No es que yo pretenda del Ayuntamiento que coloquen el susodicho aviso al principio, sólo faltaría eso para, probablemente, liar el texto del correo, sino que quiten la bobada de que no se lea lo que no va dirigido a uno.
         A lo mejor escribo al Ayuntamiento sobre esto... a ver si lo entienden, y quizás les sugiera que al aviso añadan algo como: «Si usted, a pesar de la advertencia, ha leído el mensaje que no era para usted, acuda inmediatamente a la comisaría más próxima a denunciarse, por mor de la justicia. Y, además, si es usted católico, vaya a confesarse del pecado, por mor de la pureza; pero confiésese antes de ir a la policía, no vaya a ser que ésta lo entregue al juez y éste a su vez lo enchirone en prisión preventiva hasta que salga el juicio dentro de unos años». Ya comprendo que quedaría un poco largo, pero merecería la pena para advertir al incauto lector que lee imeils que aparecen en su correo pero que no son para él.

27/4/11

Sociedad tolerante

Hoy es un día de esos de El día de..., que se hacen una vez al año, supongo que para no tener que hacer nada los 364 días restantes. Hoy es el día contra el ruido. El ruido, un problema contra el que me temo que ningún Ayuntamiento, del color político que sea, está dispuesto a luchar, entre otras cosas por lo poco espectacular y electoral que puede resultar. De hecho, ahora que se aproximan elecciones, y aun teniendo en cuenta lo poco atento que estoy a los programas-propaganda de los partidos, no he oído a ninguno de estos hacer mención del asunto. También cuentan con que no es, precisamente, una reclamación muy insistente por parte de la población. Por otra parte, ¿cómo reclamaría ésta... sin hacer ruido? ¿hay posibilidades de que la Autoridad competente ceda a reclamaciones si no se hace ruido?
         Sea como sea, a pesar de todo, y como contribución por si sirve de algo a este día copio del libro de Guido Ceronetti, El silencio del cuerpo: «Quien tolera los ruidos es ya un cadáver».

24/4/11

¿Otra prueba de que Dios existe?

No sé por qué dice usted, que quizás se tenga por ateo y hasta puede que se ufane de ello, que Dios no 'existe' cuando constantemente está dando pruebas de que sí, y a veces pruebas de alcance universal. Hace poco ha arrasado el Japón con unos terremotos, que se han llevado vida y hacienda de justos y pecadores. Que esta destrucción no tiene ni puede tener sentido, lo sabe cualquiera excepto los creyentes que se lo buscan. Y que esto es cosa de Dios no es que lo diga yo: lo ha dicho el Papa Ratzinger, con nombre de reinado Benedictus XVI, ilustre teólogo, quien de esto debe de saber mucho, ante la pregunta de una niña, "¿Por qué los inocentes siguen sufriendo?", ha contestado: "Es parte del diseño de Dios para nosotros", hija mía.

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23/4/11

El alma y la guitarra

Una corresponsal del diario El País contaba ayer en una crónica desde Bolonia un programa televisivo grabado en el que el Papa contestaba a preguntas de oyentes.

A la corresponsal se le ve la oreja hagiográfica a lo largo de la crónica. Tiene incluso un momento cómico cuando escribe: «Es la primera vez en la milenaria historia de la Iglesia que un Papa se enfrenta a la audiencia televisiva»; como si la televisión fuera también milenaria.

La primera intervención recogida es la de una mujer que pregunta, "al lado de una cama donde yace un hombre enchufado a un respirador", "¿Santidad, dónde está el alma de mi hijo?". Y el Papa: "El alma sigue en su cuerpo. La situación se parece a la de una guitarra cuyas cuerdas estén rotas, así que no se pueden tocar. [...]. El alma no puede sonar, por así decirlo, pero sigue presente". Si no fuera por lo dramático de la situación de esa mujer y su hijo darían ganas de reír con la inepta metáfora del teólogo Ratzinger. Pero en fin, dejando la tontada de esa alma que estaría averiada como las cuerdas de una guitarra, voy a uno de los principales argumentos de la performance papal.

Que el Papa no se sale ni un momento del milenario guión de la Iglesia —al que por muy milenario que sea, el guión no yo, no me acostumbro— queda sobre todo claro cuando ante la pregunta de una niña, "¿Por qué los inocentes siguen sufriendo?", responde, con una (aparente) duda al principio de la respuesta, como queriendo tal vez presentarse cercano a la grey: "Eso mismo me pregunto yo [...], pero solo te puedo decir que algún día [¿cuándo?, preguntaría yo, ¿cuando cada uno la palme individualmente? ¿cuando la hayamos palmado todos?] entenderemos [él parece haberlo entendido ya] que hasta el sufrimiento que nos parece injusto es parte del diseño de Dios para nosotros". ¡"Que nos parece injusto", dice el tío!

Fíjense: que Elena, que así se llama la niña y vive en el Japón, hable, según la corresponsal, "de su terror por haber sentido temblar su casa, haber visto morir a muchos amigos suyos y no poder bajar a jugar al jardín por temor a las radiaciones", una tragedia mínima, por otra parte, si lo comparamos con todo lo que ha ocurrido en ese país, sólo nos tiene que parecer injusto, pero que a lo mejor no lo es —vamos que seguro que no lo es, según Ratzinger—, porque forma parte de los planes divinos para el hombre, de Su diseño, para el bien del hombre por supuesto. Es decir, también el dios del Papa y su iglesia exige sacrificios humanos como cualquier otro dios. ¡En el nombre de Cristo nuestro señor, de quien el Papa es sedicente sucesor, que el Gran Diseñador deje ya de diseñar, que cese de una vez!

16/4/11

«Los amos de la calle»

Revista de prensa

Es el título de un editorial de El País del pasado jueves 14 de abril que tenía yo archivado. No pensaba publicarlo, pero he visto cosas publicadas de la carcundia católica o católica-fascista que me han animado a ello. Para contrarrestar más que nada. Aquí está el editorial:

«Con el paso de los siglos y la impunidad, el nacionalcatolicismo español ha desarrollado una sensibilidad enfermiza a las ofensas. Cualquier acto público (incluso privado) que no sea una adoración incondicional de la casulla se considera ipso facto una provocación. El corpus administrativo de la Iglesia, jaleado por las columnas de extrema derecha, han colocado al catolicismo oficial en estado de exasperación patológica. A la Asamblea Vecinal La Playa de Lavapiés se le ocurrió organizar una "procesión atea" (convertida después en manifestación) el próximo 21 de abril, Jueves Santo. En mala hora; las fuerzas vivas del municipio entienden que es "una burla, una mofa de una confesión religiosa" y se malician "alteraciones del orden público" (palabras del vicealcalde Cobo); una Asociación de Abogados Cristianos ha denunciado a los organizadores y a la presidenta de Madrid, Esperanza Aguirre, liberal de Hayek, le ha faltado tiempo para encampanarse con esta "ofensa a los católicos madrileños, que no se atreverían a hacer jamás en relación con otras religiones".

Nadie sabe de qué otras religiones habla la señora Aguirre. Solo la católica ocupa las calles de Madrid (y de cualquier ciudad) como si fueran suyas, corta el tráfico a voluntad y atruena con tambores y música fúnebre. Solo la liturgia católica ocupa a discreción los espacios públicos, y no solo en Semana Santa, sino cuando place a cardenales y obispos. Alcaldes y concejales (véase el caso de Madrid) humillan la cerviz y pasan a los ciudadanos la factura del hartazgo.

A pesar de este insulto conceptual (puesto que los católicos son mayoría, todo les está permitido) y del dinero que mana desde Hacienda hasta los ecónomos eclesiásticos, la curia española plañe como si viviéramos en la persecución de Domiciano. De escuchar sus lamentos, parecería que los cristianos son devorados por las fieras todos los días en Las Ventas o en la Maestranza. Que en España haya ateos con derecho a ocupar una calle en Jueves Santo es prueba de martirio. Vista la vociferante campaña contra la procesión atea, la sociedad española necesita un repaso de laicismo. Que, como explicó Bertrand Russell, no es lo contrario de religión, sino del clericalismo».

7/4/11

La monada de los carriles-bici

El consummatum est de los carriles-bici ya se ha producido en Alcorcón. Sin que las autoridades municipales hayan podido cortar la cintita inaugural, incluso dar unas pedaladas (parece, ¡vaya por Dios!, que está prohibido inaugurar cosas hasta después de las elecciones), ya tenemos una monada de carriles tan de diseño, tan pulcros, tan recortaditos, pintados en tramos de colores verde o apimentado, alternancia de colores que no sé lo que significa, aunque me imagino que será para evitar al ciclista la monotonía (¿?), con la raya blanca en medio separando los dos sentidos de la marcha, que debe de ser una gozada verlos a vista de pájaro.

Otros tramos, en los cruces con las aceras (quiero decir con las aceras propiamente dichas, porque los carriles también son aceras, son terreno usurpado a éstas, de hecho son aceras-bici) están enladrillados, adoquinados, que parece que significa que el peatón tiene prioridad (¡pero atención, peatón, que, aunque así sea, que no estoy seguro, eso no quiere decir que puedas ir por la acera tranquilamente, como si la acera fuese una acera, sino que, si te atropellan, las de perder, y allá tú con las lesiones o los sustos que te causen, las llevaría el ciclista).

Lo más divertido —se lo deben de pasar pipa los ciclistas— son la cantidad de señales, unas en postes —postes significantes—, otras pintadas en el suelo, que se van a encontrar. Que si esto es una vía ciclista. Que si stop, que si ceda el paso. Que si no corra a más de veinte —¿llevan velocímetro las bicicletas?—. Que si obligatorio (¿?) para las bicicletas circular por el carril: ¡una señal colocada en el carril!, con lo que se supone que el de la bici la ve cuando ya está en él.

¿Y para las coches? Pues tampoco se han quedado sin señales que obedecer. La de: peligro, circulación de bicicletas es una de ellas, que yo recuerde. Otra es la de unas rayas pintadas en el suelo, cruzadas en la calzada, en paralelo a los pasos de peatones, que han quedado divididos en mitades.

Y todas estas monadas sin que ningún partido, ahora que se aproximan las elecciones, haya abierto la boca en contra. "¿Pero qué dice usted, hombre? ¿Oponernos nosotros? Si eso es lo moderno y lo ecológico".

Pero en fin, como parece que a los peatones no nos salva ya del carril-bici ni la paz ni la caridad, lo que no deberíamos permitir es que las bicicletas circularan por las aceras, de ningún modo. ¡Bicicletas por las aceras, no!

1/4/11

Paráfrasis

«(Mairena, en su clase de Retórica y Poética)

—Señor Pérez, salga usted a la pizarra y escriba: "Los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa".
El alumno escribe lo que se le dicta.
—Vaya usted poniendo eso en lenguaje poético.
El alumno, después de meditar, escribe: "Lo que pasa en la calle".
Mairena.—No está mal.»

(A. Machado, Juan de Mairena, I)
***
—Don Felipe, cuando salga usted a leer su discurso meta algo sobre Gibraltar.
El príncipe saca unos papeles y lee: "El contencioso histórico bilateral que aún sigue pendiente...".
García (En sordina).—Ridículo, Príncipe.

17/3/11

¿Son necesarias las necesidades de energía?

Hay un planteamiento en el que tienen razón quienes aseguran que aunque no nos guste la energía nuclear hace falta para atender las necesidades energéticas de la sociedad. Es sólo que quienes eso afirman no ponen en cuestión tales necesidades; no plantean la necesidad de esas necesidades: entiéndase, la necesidad para la gente y no para el sistema basado en el constante consumo para la producción y la producción para el consumo; necesidades al servicio del movimiento del dinero inducidas especialmente por la publicidad; necesidades, en fin, innecesarias.
       Me vienen a la memoria los versos de Antonio Machado (en Proverbios y cantares, de Campos de Castilla), que tan claramente dicen lo que yo con tanto enredo y trabajosamente trato de decir:

                              Bueno es saber que los vasos
                              nos sirven para beber;
                              lo malo es que no sabemos
                              para qué sirve la sed.


        Pues eso: ¿Para qué sirven las necesidades de energía que la energía atómica —y las otras, por supuesto— satisface?

16/3/11

Escarnio a las víctimas

Hace falta ser fanático para explicar (¿?) —lo leí ayer en un blog de por aquí— lo que ha ocurrido —está ocurriendo— en el Japón como un castigo divino por tanto aborto, tanto divorcio, tantos ataques a la familia tradicional...

"Y entonces", preguntaría uno ingenuamente, "aun aceptando lo inaceptable de semejante castigo a los pecadores ¿a qué se debe el castigo contra quienes no han abortado ni se han divorciado ni... ?". "¡Dios escribe a veces derecho con renglones torcidos!", replicaría, probablemente, el mismo fanático. "¿Ah, sí?", contestaría uno a su vez, "¡Pues ya podría meterse Dios sus renglones torcidos por donde yo le dijera... y aun los derechos!".

Fanatismo, afrenta a las víctimas y falta de caridad cristiana, todo en el mismo lote del fanático.

Ni el mismo Jesús se atrevió a poner como causa de la ceguera de nacimiento el pecado del ciego —ni el de sus padres—, aunque, eso sí, lo cargó en la cuenta de la voluntad divina sólo para que ésta se manifestara, con lo que, por cierto, tampoco Dios quedaba en muy buen lugar.


          Pasaje aludido:
«Pasando [Jesús], vió a un hombre ciego de nacimiento, / y sus discípulos le preguntaron: Señor, ¿quién pecó: éste o sus padres, para que naciera ciego? / Contestó Jesús: ni éste ni sus padres pecaron, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios».
          Juan 9, 1-3

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7/3/11

La raya

A propósito de la reducción del máximo de la velocidad en la Autopista han aparecido por doquier expertos en consumo, o en ahorro, de gasolina —essence—. Hace unos días salía uno aquí demostrando, con formulita y todo, que la disminución de la velocidad aumenta el consumo. No seré yo quien lleve la contraria ni en un sentido ni en otro,
(entre otras razones por dos, principalmente: 1. Porque no quiero dar más pábulo a lo que no parece ser sino asunto capital para los medios y su negocio publicitario. Y 2. Porque el asunto en sí del despilfarro de carburante me importa un comino: no deja de ser un episodio más de la ciclotimia del régimen dominante del dinero, de sus ciclos maníaco-depresivos)
es sólo que, sin entrar en muchos intríngulis, me doy cuenta de que un hombre corriendo se cansa más (¿gasta más energía?) que andando a paso vivo, y más a paso vivo que paseando. Y es también que si el gobierno, temiendo las consecuencias de unas guerritas o guerrillas que se están produciendo en el norte africano, con el fin de incorporarse sus habitantes al régimen universal, ve peligrar el suministro de energía para que anden los coches —y, como símbolo, el sistema—, lo lógico sería que se fabricaran menos.
(Más de uno, seguramente mejor informado que yo, me diría: "¿Estás loco?, ¿Y los puestos de trabajo? Y, además, ¿no te has enterado de que es el gobierno, precisamente, el que ayuda con subvenciones a la compra de coches?").
Pero bien, lo que sí me interesaba destacar del disgusto de los conductores por la medida de la reducción de la velocidad es que no creo que se deba tanto a la pérdida de tiempo por tener que ir más despacio
(ayer salía por la pantalla un experto en algo, quien había calculado que se iban a perder tropecientas mil horas —no recuerdo que dijera para qué se perdían— como consecuencia de la dichosa reducción. Ya puesto, podría haber calculado cuántas se pierden con el trasiego inútil automovilístico para no ir a ningún sitio, como es lo habitual, y para no hacer nada)
ni a un cierto temor a aburrirse conduciendo a una velocidad más baja (ya hacen falta ganas para pasárselo bien conduciendo), incluso a dormirse como pronosticaba un as del volante (también hacen falta ganas para hacerse un as en esto), sino a que lo consideran nada menos que un atentado contra la libertad (¡gobierno liberticida!, habrá exclamado más de un liberaloide o acratoide, como cuando lo del tabaco), cosa por otra parte nada extraña dado el carácter simbólico de libertad que la velocidad tiene. Pero hasta tal punto llega el simbolismo que rebajar los 120 hasta ahora permitidos a 110 es como pasar una especie de gradiente o raya que separa la libertad de la tiranía.

6/3/11

"Menos prohibiciones"

Ha dicho un prohombre que "menos meterse en la vida de la gente y menos prohibiciones", en reproche al gobierno que, por lo visto, está prohibiendo mucho. No, quien ha hablado no es de ningún grupo ácrata sino que es el líder de... su partido.
       No dice a qué prohibiciones se refiere sino que, en elipsis, digamos, considera que ya se sabe porque no se habla de otra cosa últimamente y se aprovecha del tirón de impopularidad que algunas prohibiciones tienen.
       Porque no piense usted que se refiere a la prohibición de circular con los autos a más de 120 kms. a la hora, sino a la de prohibir pasar de los 110, que esto sí que atenta contra la libertad del conductor. (Lo de prohibido pasar de los 120, que ellos mantuvieron, sería para no caer en el libertinaje; porque ya se sabe 120 = libertad; 110 = tiranía; más de 120, libertinaje. Y ellos le tienen muy bien tomada la medida a la libertad). Decía: ni a la prohibición de fumar en los sitios en que cuando ellos gobernaban ya estaba vigente. Ni a la prohibición de casarse entre personas del mismo sexo, prohibición que pretenden que mediante sentencia de un alto tribunal se la sirvan en bandeja. ¿Levantarán estos ventajistas, si gobiernan, las prohibiciones? ¿Pero cuáles? En fin, mejor dejar a ver si esta tropa de demagogos se acaban cociendo en su propio caldo.

24/2/11

e = mc2

Descubra otro significado de la fórmula pasando el puntero del ratón sobre ella.

mc = e

21/2/11

DGT: ¡que te zurzan!

La Dirección General de Tráfico (puede que la Dirección más importante entre todas las de la burocracia del estado —que serán unas cuantas—, dado el papel tan esencial de éste de ordenar algo de tanta enjundia como es el tráfico de, a su vez, algo de tanta importancia para el estado como los automóviles), más conocida como Degeté, podía haberse circunscrito, para la ordenación, otra más, a una medida tan razonable como la limitación a 30 km/h de la velocidad automovilística en ciudad. Velocidad máxima, por otra parte, que no tendría que impedir que en algunas zonas o calles fuera incluso inferior. Aparte de otros beneficios, uno que me parece claro de esta medida es el facilitar mucho la circulación de bicicletas por la calzada.
       Pero no. Insatisfechos con hacer las cosas bien y como si estuvieran pidiendo perdón a los coches por tal limitación y quizás tratando de compensarles, la han tenido que fastidiar y van a disponer que las bicicletas puedan circular por las aceras —en teoría por las de más de tres metros de ancho. De hecho, por cualquier acera—. Otra vuelta de tuerca en contra del peatón. Otro incordio más en contra de él, que verá asaltado, violado, usurpado lo que tendría que ser su territorio sagrado, territorio en el que el peatón tiene que ser señor.
       Por muy bien que intenten regular la circulación de las bicis por las aceras, y aun en el mejor de los casos en que las normas se cumplan, será un riesgo y una molestia para el peatón. Me pregunto, por ejemplo, y es sólo eso: un ejemplo de los muchos que se podrían poner, qué puede ocurrir en las esquinas, en las que te puede salir una bicicleta por un lado. (A mí hace unos años, creo que ya lo he contado en otra ocasión, me salió un mamarracho en moto por la acera al ir yo a dar la vuelta a una esquina: ¿que no es lo mismo una moto que una bici? De acuerdo, pero también estas pueden hacer mucho daño y pueden asustar de muerte).
       En Alcorcón han construido hace poco, de hecho creo que no han terminado aún, un carril-bici —acera-bici— monísimo, quitando terreno a las aceras, de diseño modernísimo, que apenas nadie utiliza (los domingos por la mañana, y poco más, algunas familias que pedalean unidas), no por nada sino porque apenas si hay afición y mucho menos aún como medio de transporte, a pesar de lo que el Ayuntamiento diga de integrar la bicicleta en la circulación y bla, bla, bla. Y menos mal que apenas hay bicicletas, porque esto será lo único que nos ponga a salvo a los peatones del disparate que, al parecer, está a punto de cometer la susodicha Degeté. Me adelanto a posibles justificaciones —ahórrense comentarios en este sentido—: en los países denuestroentorno ya se hace. Me la bufa semejante atentado contra el peatón, aunque ya se perpetre, si así es, en esos países.

¡LAS ACERAS PARA LOS PEATONES!

4/2/11

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28/11/10

Adenda a «No hemos torturado a inocentes»

[Es el título de mi comentario anterior]

Vencida la pereza que me causa ponerme a leer la letra pequeña de las noticias me decidí a hacerlo con la entrevista al Ministro marroquí. Transcribo la parte que hace al caso de lo que comentaba en mi anterior artículo.

P. [...] ¿Va usted a admitir que ha habido saharauis torturados en las comisarías [...]?
[...]
R. No ha habido torturas a inocentes.
P. ¿Y a culpables?
R. Si han sido o no torturados, eso lo dirá la justicia.


Si no me equivoco, "y esta vez creo que no", como diría Jerry Lewis, la conclusión que se puede sacar es que el Ministro no puede asegurar que no haya habido torturas a 'culpables' aunque sí lo hace respecto a 'inocentes'. Pues bien, si no puede asegurarlo es porque cabe la posibilidad de que haya ocurrido, y si esta posibilidad no cupiera, a la pregunta del entrevistador "¿Va usted a admitir que ha habido saharauis torturados en las comisarías?" debería haber respondido: No lo voy a admitir porque no ha habido torturas. Y, ya puesto, añadir: Ni en las comisarías ni en ningún sitio. Sin embargo es él quien se pone a distinguir entre 'inocentes' y 'culpables', poniendo el énfasis en que no se ha torturado a 'inocentes'. ¡Cómo se le ve la oreja al prócer marroquí!
       Por otra parte, mucho me temo que tras esa implícita y perversa justificación de la tortura a detenidos si son culpables (¡considerados culpables por la propia policía!), lo que hay es un refuerzo o confirmación por parte del torturador de la calificación previa entre 'inocentes' y 'culpables', calificación que necesitaría en su fuero interno como arranque para la tortura, y que, una vez empezada ésta, vendría a confirmar al torturado como 'culpable', 'malo', 'basura', 'infrahumano' o cosas por el estilo. Dicho de otra manera: que si el torturador califica previamente a los detenidos como 'inocentes' y 'culpables' para poder darle a estos el tratamiento debido, cuando la tortura se perpetra el culpable queda confirmado como tal, su definición previa policial como tal se cierra. "Lo torturo, luego es culpable" sería la conclusión a la que la negra alma del torturador, pero negra como boca de lobo, llegaría. Es decir no ya el infame arranque "Es culpable, luego lo torturo" sino el más infame aún "Lo torturo, luego es culpable" confirma la infamia primera, la supera, la cierra y convierte la aberración en un círculo vicioso.

27/11/10

«No hemos torturado a inocentes»

Es un titular en El País de hoy, que el propio periódico entrecomilla se supone que por ser cita de lo que haya dicho el ministro de Exteriores marroquí. Naturalmente, se refiere al asunto del Sáhara y del Aaiun. Pero el Ministro debería haberse limitado a decir "No hemos torturado" o, si no hubiera querido resultar lacónico, "No hemos torturado a nadie", sin que tenga nada que ver desde el punto de vista de la legitimidad o de la ética el que los detenidos, víctimas de la tortura, sean inocentes o culpables. ¿O es que, de haber sido 'culpables', leña al mono?
       Porque, en efecto, tal y como el prohombre marroquí lo expresa daría a entender que se podría haber torturado a culpables, lo que sería una aberración jurídica, ética y hasta política. A no ser que lo que ha declarado el Ministro corresponda a una acusación de haber torturado a inocentes, en cuyo caso la aberración sería de quienes acusaran de torturar por ser las víctimas de la tortura inocentes, en vez de hacerlo simplemente por el hecho de torturar.
       No me he metido a averiguar, ni tengo por qué si no quiero, cual de las dos cosas es lo que ha pasado. Sólo me he quedado con el titular, que, se supone, tiene que corresponder al texto, y si no es así, el responsable es el periódico por sacar el titular de contexto.

2/5/10

De los bancos, los cajeros y el paro

El viernes último entré en un banco con el fin de sacar dinero de la pared y se me quedó la libreta atascada. No que se la zampara el cajero sino que una vez introducida por la raja al efecto no iba ni para adentro ni para afuera: se quedó asomando como medio cm. Como no estaba dispuesto a irme dejando la libreta en esas condiciones, reclamé a dos empleados hasta que finalmente, tras prácticamente colarme en el despacho de la directora, conseguí que ésta se hiciera cargo del problema y me liberaran la libreta de las garras del cajetín. En total unos 30 minutos.
         Mientras esperaba al lado del cajero haciendo guardia, y contestaba una y otra vez a la pregunta de los clientes que iban llegando y señalaban al chisme: "¿No funciona?", mientras tanto, digo, me sentía como el personaje aquel en la canción de Marieta, de Krae: (parafraseando) "Y yo allí sin mi libreta como un gilipoollas, madre, y yo allí sin mi libreta como un gilipo-o-o-o-llas".
         Bien, ¿y cómo es que con tanta tecnología, ideada ni más ni menos que para ahorrarse empleados, y aumentar los beneficios, que es el fin empresarial, ocurren estas cosas? ¿O es, precisamente, por eso mismo? Porque el problema es que cada vez se ven menos empleados en los bancos (y en otras muchas partes: ¿cuántos años hace que en sitios como ¡Qué corte tan inglés! empezaron a escasear los dependientes hasta el punto de que hay que ir buscarlos? O en las gasolineras con el "sírvase usted mismo". O en las taquillas del metro, que prácticamente han desaparecido. Y en el mismo metro, en el que hasta hace años, muchos ya, además del conductor iba un tipo que abría y cerraba las puertas), empleados de los bancos, decía, que, en el mejor de los casos, se sustituyen por cajeros que fallan más que una escopeta de ferias: ya se sabe, es que se ha caído la línea, así es que la culpa es de la telefónica, no del banco que se limita a instalar el trasto.
         Y todo esto de la última parrafada se traduce a la larga en destrucción de empleo, en ese paro que los "expertos" llaman "estructural" y que ningún gobierno acabará con él, por lo que ya va siendo hora de que los próceres de la política y del capital, en vez de dar a entender que, más tarde o más temprano, dejando por el camino no más víctimas que las que el progreso necesite —usted ya se hace cargo—, acabará trabajando todo el que quiera, lo aclaren: que hay un nivel de paro (que a su vez tiende a subir a medida que aumenta la tecnología) con el que no se va a terminar nunca. Dejar creer otra cosa es engañar.

P. S. ¿Que de qué banco se trata? ¿Pero eso qué más da? ¿No ve que todos se parecen y sin embargo son el mismo?

Otro P. S. La cola ante la ventanilla del banco era impresionante, como de unas 25 ó 30 personas, lo que se debía, sin duda, entre otros factores, a dos: 1. A que ahora no abran los sábados, medida que, si puede ser beneficiosa para los empleados actuales, a la larga es una amortización de puestos de trabajo. 2. A que el cajero en el que seguía presa mi libreta no funcionaba, porque a la directora le faltaron reflejos para ordenar cuanto antes el desatasco, como consecuencia del cual el chisme habría podido funcionar. Claro que, a lo mejor al banco le importa un pito que usted tenga que esperar más o menos porque sabe que no va a tener más remedio que de una forma o de otra hacer la gestión que necesite.