30/10/08

¡Ay, qué oportunidad de seguir callada...

ha perdido! Podía haber continuado en su función de sonreír, dar pésames, visitar inundaciones sin mancharse los zapatitos... En fin, todas esas labores que hasta ahora tan bien desempeñaba. Por cierto, enhorabuena a un partido que yo me sé: ya tienen una valedora Real.
1) “Se ha de enseñar religión en los colegios”. Me pregunto que si le valdrá cualquier religión: ¿el islam, por ejemplo? 2) “Los gays pueden casarse, pero que a eso no lo llamen matrimonio”. Y yo que creía que ‘casarse’ y ‘contraer matrimonio’ era lo mismo. 3) “Pero Hassan, ¿cómo vas a recibirme en unas tierras [Ceuta y Melilla] que son mías?”, dice Ella que decía Él, “su marido”. Resulta que esas “tierras” son suyas, al igual que los reyes medievales tenían tierras y vasallos. 4) Quema de fotos: “Fue un disgusto [...] Queman fotos, trozos de papel”. ¿Le parecerá, igualmente, que cuando se quema una bandera se quema un trozo de tela? En fin, las “confesiones” no tienen desperdicio, como se suele decir.

26/10/08

Si sale con barba...

A propósito de una reunión (¡cumbre!) de prohombres que el emperador del norte ha convocado en Guasintón, sin haber invitado al Presidente del gobierno, estando como está, al parecer, muy interesado en asistir, ya se están por aquí preparando el terreno los patriotas, modalidad anti-Z: si finalmente no consigue estar presente en la susodicha, dirán que ni aun mendigando. Y si lo consigue, que ha sido por mendigar. Ventajismo se llama esa figura. Que la dichosa reunión sea para "refundar el capitalismo" y que la bicicleta no se pare es otra historia.

♫ Reloj, no marques las horas...

Toda la vida diciendo “costumbre” o “hábito” y ahora resulta que se dice “reloj biológico”.

11/10/08

La dignificación por el Trabajo

Con motivo del proyecto
del alcalde de Madrid, en el que según creo anda también una concejal, la pringosa idea El Trabajo dignifica a la persona ha vuelto a asomar la cabeza, traída por quienes, seguramente sin saber de lo que hablan, aunque hablen mucho para ver si así consiguen hacerse oír, aprovechan la mínima para poner a caldo a Gallardón (y de paso, en esta ocasión, para, por contraste y omisión, realzar a la concejal) o a cualquier político del color que sea, porque ellos “no se casan con nadie” y, además, está de moda proclamarse “políticamente incorrecto”, para así justificar cualquier estupidez o vileza que suelten y, como estos botarates gustan también de decir, “todos los políticos son iguales”.
El argumento del Alcalde para prohibir el hombre-anuncio me parece equivocado: no creo que tenga nada que ver en el asunto ni la estética ni la dignidad o, mejor dicho, la indignidad, ni creo que la labor que pretende prohibir sea indigna. Lo que quizás tendría que haber hecho, sin embargo, es regular la actividad con medidas como cobrar una especie de tasa municipal a las empresas anunciantes, que al fin y al cabo están haciendo negocio ocupando la vía pública. En cuanto al reparto de octavillas, creo que es algo que, en Madrid al menos, ya estaba prohibido (prohibición incumplida, of course), aunque no se qué argumentos se utilizaron en su día, y estoy de acuerdo con la prohibición, por dos razones: 1) suponen un auténtico agobio para el viandante —no hay más que darse una vuelta por la Gran Vía madrileña, por ejemplo, para comprobarlo—. 2) la cantidad de octavillas que acaban en el suelo son un foco de suciedad y en ocasiones un riesgo de resbalón, y no digamos cuando llueve, con la pulpa que se forma en el pavimento, escaleras del metro, etc.
Pero volviendo a lo primero: no creo que el Trabajo dignifique al hombre: éste, que yo sepa, nace con la dignidad puesta, como nace también inocente, y no tiene que lavar con el trabajo ninguna culpa innata. Lo que sí creo, naturalmente, es que igual que se puede perder la inocencia o el honor, se puede perder la dignidad con la que se nace. Por ejemplo: con ciertos trabajos.
P. D. En la edición de hoy, pág. 37, dEl País, en cita destacada a propósito de los hombres-anuncio, Savater dixit: “Me parece más denigrante [subrayado mío] que un señor viva de especular en Bolsa”. O séase que, según el periódico al menos, el trabajo de hombre anuncio al filósofo le parece “denigrante”, aunque, eso sí, menos que "especular en Bolsa".

10/10/08

Una de *metereología

Se habla mucho, desde hace ya varios años,
del ‘tiempo meteorológico’ (metereológico, como he oído decir incluso a meteorólogos —antes conocidos como los hombres del tiempo). En efecto, no hay telediario o semejante televisivo que no es ya sólo que incluya este tipo de información, que siempre la ha habido, sino que lo hace en lugar destacado, incluso preferente si ha habido cualquier catástrofe de las llamadas “naturales”, en cuyo caso la información meteorológica salta al primer plano del noticiario.
Por supuesto, en la radio, que sólo oigo cuando no lo puedo evitar, en los viajes en autobús, por ejemplo, en los que no hay forma de librarse, porque al conductor así le suele apetecer, salvo cuando éste cambia ‘radio’ por ‘video’ y te coloca una peliculita, a la que si no quieres no miras pero de cuyo sonido no te puedes librar. En la radio, decía, supongo que ocurrirá tres cuartos de lo mismo. De hecho, en el último viaje en autobús (¡once horas!) se podía oir cada dos por tres al locutor la información del tiempo, en un mezcla insoportable de noticias, chismorreos, llamadas de los oyentes (con las que hacen la mayor parte de los espacios), musiquitas y, ¡¿cómo no?!, la omnipresente y machacona publicidad.
Aparte de la abundacia de información banal y superflua que caracteriza a la época, no se me ocurre qué razón puede haber para tal saturación climática que no sea la de que cada vez nos podemos permitir menos ni la más pequeña incertidumbre: nos pirra lo previsto, que nada quede al azar ni aun para salir al supermecado de la esquina. Nada de sorpresas ni sobresaltos, que todo quede atado y asegurado. En definitiva que, paradójicamente, en unos tiempos en los que tanto se habla de ‘futuro’, se hace todo lo posible por conjurarlo. Por cierto que creo que algo tiene que ver con el asunto del tiempo, en el sentido de aseguramiento del futuro, el de los seguros, que tanto proliferan para prevenir cualquier contingencia en la que a las aseguradoras les parezca que haya negocio. Pero en fin, quede esta historia para otro día.

8/10/08

Quieren que traguemos

Hoy anuncian una película en la 1: duración según reseña 94’. Según la programación, empieza a las 22.00 y acaba a las 24.00, 120’ por tanto. ¿A dónde van los 26’ de diferencia? Pues está bien claro: a la publicidad. Así es que para poder ver (yo no. Yo las grabo) una película de hora y media se tiene usted que tragar media de publicidad. Otro ejemplo: en Teleaguirre anuncian otra: según programación, 130’, y según reseña, 103’. Creo que deberíamos declarar la guerra a la publicidad.

Despido

Ante el caso reciente del despido laboral de una mujer en coma nos caemos del guindo o, mejor dicho, los medios se caen del guindo. Más aun: simulan que se caen. Casos de despidos “improcedentes” los hay siempre que el Empresario, atento a su único fin que no es otro que el de amasar beneficios, echa cuentas y decide que el Capital engorda más despidiendo a un trabajador, aunque tenga que indemnizar, que manteniéndolo en su puesto. Entonces ¿como es que el caso aludido ha llegado a papeles y televisiones? ¿Por lo extremoso? No lo creo o no creo que sólo por eso. Lo que me parece es que los medios, necesitados del soporte de las noticias para poder meter publicidad (su negocio), están deseando que les enseñen un palo para subirse a el. Y supongo que algún abogadito espabilado ha sido en esta ocasión el encargado de enseñárselo.

7/10/08

El estirón

Mientras dormitaba en el sillón
he oído un cierto revuelo de tertulianos y locutores porque, por lo visto, el Gobierno, a pesar de la tan mentada Crisis (de la que el Capital, organismo vivo, tras dejar por el camino innumerables víctimas colaterales en forma de parados, préstamos ruinosos, etc., no se va a ir al garete sino que, todo lo contrario, saldrá más fuerte —como en aquellas crisis de crecimiento en las que entrábamos cuando éramos niños—. Por otra parte, el Estado, delatándose como lo que es, como la otra cara del Capital, suministrará a éste grandes cucharadas de Dinero —ahí está el Emperador del Norte marcando la pauta—, con el bienintencionado fin primero de salir en ayuda de los más necesitados, pero con el último de salvar al Sistema), decía que al Gobierno no se le ha ocurrido otra cosa que subirle el sueldo al Rey y a su familia. Pero como no hay mal que para bien no venga, improbable lector de este desdichado blog, he aquí que esto puede suponer puntos en contra de la Monarquía, institución que, más tarde o más pronto, aunque que creo que más bien tarde que pronto, y a pesar de lo que crean en palacio y de la actitud babeante de (¿toda?) la prensa y la televisión, terminará por desaparecer. De modo que vaya lo uno por lo otro.

6/10/08

*Mi detrás

Una moda, que ya está dejando de serlo
porque viene de hace tiempo, asuela el lenguaje, pero esta vez no contra el vocabulario ni la ortografía o la puntuación, sino, lo que me parece más grave, contra la sintaxis. Consiste en unir un adverbio de lugar (pongamos ‘detrás’) con un posesivo (‘mío’, por ejemplo), construyendo el disparate lingüístico: *detrás mío (o: *detrás tuyo, *detrás tuya [¡¡¡], *delante nuestro, etc.). Supongo que una vez perpetrado el error, debieron de adoptarlo, como suele ocurrir en cuestiones de lenguaje, locutores, jornalistas, tertulianos, políticos, dirigentes y otras gentes normalmente de mal... hablar. Y así se ha debido de difundir por televisiones y prensas hasta haber alcanzado al común de los hablantes. De cómo empezó el equívoco, me parece fácil de deducir: probablemente, habiendo oído decir que ‘de mí’ = ‘mío’ (sí: pero cuando ‘de mí’ —preposición y pronombre personal— indica posesión: “¿de quien es esto?”, “es mío [de mí]”), pues ya está: “delante de mí” = “*delante mío”.

4/10/08

Racanería del Gobierno

¡Qué escándalo! La subida en alguna partida presupuestaria no da ni para cazar un oso. Y mucho menos yéndose a Rusia a cazar.

3/10/08

La Crisis

Con permiso dEl Roto. (Un genio).
Y del Forges. (Otro).

26/9/08

Azúcar, azúcar

Hace muchos años, cuando yo era pequeño
y me mandaban a la tienda a comprar algo, para que no se me olvidara iba repitiendo el encargo por el camino. Por ejemplo: azúcar, azúcar, un kilo de azúcar... Lo que me ocurría a veces es que, de tanto repetir el nombre, la palabra había perdido sentido, de manera que al tratar de enhebrarla en la frase para hacerle el pedido al tendero, no era capaz o me tenía que esforzar.
Me ha venido esto a la memoria cuando he oído por enésima vez la cantinela: “El presunto asesino...”. Y es que los medios, sobre todo los televisivos, no paran de repetir lo de “presunto”: no (ya se entiende) porque quieran salvar la obligada, como no podría ser de otra manera, presunción de inocencia del aludido, que les importa un pito y que se encargan de hacer papilla con el asqueroso agobio de cámaras y micrófonos, sino para curarse en salud y ponerse a cubierto de cualquier denuncia. Pues bien, a mí se me parece que (pero es algo muy subjetivo, que conste), precisamente por la repetición del adjetivo, lo que termina oyéndose y quedando en la conciencia de quien lo oye es casi únicamente el sustantivo: ‘asesino’ o ‘ladrón’ o ‘terrorista’... o lo que sea. Si yo estuviera en lo cierto, los medios estarían haciendo justamente lo contrario de lo que deberían, que no es sino respetar escrupulosamente la presunción de inocencia. Más todavía: a veces he llegado a pensar que es un truco para tachar a alguien de lo que se le quiera tachar anteponiendo el dichoso ‘presunto’.

9/9/08

Notas sobre el aborto

1. No creo que nadie necesite ver fotografías de fetos humanos para percatarse de la violencia del aborto, ni siquiera los más furibundos y pasionales partidarios de la penalización, aunque, ante sus exhibiciones, se podría pensar que las han necesitado para llegar a ser lo que son.
2. Menos que nadie las mujeres (mayoría entre los reclamantes de la despenalización), y menos aún las que alguna vez hayan estado embarazadas.
3. No creo que haya partidarios del aborto. Reclamar su despenalización no es ser “partidario”, ni ser “abortista”, como simplificada y tramposamente dicen los defensores de los fetos ¡y de la Vida!. Trampa en la que, ¡ay!, caen a veces los partidarios de la despenalización.
4. Hablar de “homicidios” y aun de “asesinatos” en la muerte provocada de un feto es una desmesura. En efecto: es una contaminación semántica intencionada, una apropiación de la terminología jurídica, sobre todo en el caso de ‘asesinato’, con fines no sé si simplemente morales o terroríficos o ambos. Por otra parte, que yo sepa, ni en la época más negra del dictador, el código penal ha tipificado de esa manera el delito de aborto. Pero los anti, pretendiendo un corrimiento verbal inadmisible, no se cortan ni un pelo con tal de arrimar el ascua de su visceralidad a la sardina de su gran causa por la Vida.

Amante de la Vida

“Esto, con una noche de París queda compensado” (Napoleón contemplando la escabechina de una batalla)

7/9/08

Los primeros

Cada vez que hay una catástrofe televisiva, los deudos de las víctimas se ven rodeados por políticos y autoridades (que nadie pueda decir ante la ausencia de alguien: “¿dónde está...?”), reyes (quienes en verano se lucen más porque "han interrumpido sus vacaciones"), periodistas, etc. Pero hay un gremio que últimamente no falla: los pisicólogos, quienes probablemente sean los primeros en llegar, antes incluso que los bomberos. Lo advierto: si alguna vez tuviera una desgracia familiar televisable, el cielo no lo permita, pisicólogos asténganse, por favor.

5/9/08

La Renfe, otra que tal

Si usted quiere ir de Gandía a Málaga en tren, como nos apetecía a nosotros ir este año, lo que se le ocurriría es entrar en la página de la Renfe y buscar el itinerario en cuestión. Unos segundos... a ver... pues sí, se puede, aunque sea haciendo un trasbordo. Pero ¿cómo? ¿qué es esto?... hay que venir a Madrid a hacer el trasbordo. Me lo temía. Y es que la Renfe, la empresa encargada de destruir el ferrocarril en España, no ha hecho líneas nuevas desde su fundación, de tal forma que no hay una línea directa, aunque sea con cambio de tren, más o menos trasversal o costera, como la requerida. Se ha dedicado fundamentalmente a tres cosas: a) acudiendo a la vocación de volar, a la que parece que ha sido llamada por los altos designios de la rentabilidad —rentabilidad para la empresa se entiende: ¿pero qué ocurriría si hubiera una especie de renfe de carreteras, o RenCe, y se aplicara ese mismo criterio a las carreteras?—, construir trenes de alta velocidad, con el hallazgo en español de la sigla Ave. b) cerrar estaciones. Y c) construir trenes de cercanías a fin de que la gente se vaya a vivir cada vez más lejos de su trabajo. Otras alternativas sin coche para ese viaje: 1) Gandía-Valencia y avión Valencia-Málaga. 2) En autobús, cerca de diez horas: puede usted elegir entre viajar durante todo el día o toda la noche.

3/9/08

Desvarío de altura

La navegación aérea adoptó de la marítima,
aparte del término mismo de ‘navegación’, otros como ‘aeronáutica’, ‘embarcar’, ‘pilotar’, ‘ruta’ (‘derrota’) y, muy probablemente, algunos más que me olvido. Sin embargo, para designar lo que un avión hace, es decir, moverse (andar o correr) en el aire mediante la propulsión de motores, no adoptó el término ‘navegar’ sino el de ‘volar’, cuando un avión, propiamente no vuela, como tampoco se podría decir, en rigor, que un barco nade. A qué se debe la adopción de ‘volar’ desde el principio de la aviación es algo que me imagino como la confusión entre el deseo del Hombre de volar y la realidad, que no es sino un híbrido entre ‘volar’ y ‘correr’. En efecto, creo que hay en ese deseo una intención no de desconocer o ignorar la ‘ley de la gravedad’, algo imposible, por otra parte, para la racionalidad humana, sino de superarla, superación que, precisamente como tal, implica el reconocimiento y cumplimiento de la ley. Que los pájaros, u otros animales voladores, no es que “superen” la gravedad sino que, sencillamente, la ignoran, me parece claro. Hay además otra diferencia entre el *volar de los aviones y el volar de los pájaros: aquellos *vuelan por efecto de la velocidad y estos por el batir de las alas, que no imprime, necesariamente, velocidad al vuelo.
Bien, pues como, por un lado, los aviadores y compañías voladoras no admiten ‘navegar’ para lo que creen que hacen los aviones y, por otro, el término ‘volar’, aplicado a un avión, esconde una acción híbrida, nada mejor que inventar también, a falta de otro vocablo que quizás a algún lingüista se le pueda ocurrir, un término híbrido como podría ser ‘vorrer’ o ‘colar’ (vo[lar] + [co]rrer) o ‘colar’ (co[rrer] + [vo]lar).
Las entradas en el diccionario podrían quedar:

vorrer. Intr. Acepción única. Correr por el aire, generalmente un avión, mediante la propulsión de motores.
colar3. Intr. Acepción única. V. vorrer.


El segundo, como se ve, con grupo nuevo en el diccionaro, por ser de diferente etimología a los dos ‘colar’ que hay ahora. En cuanto al primero, resultaría malsonante, pero los términos malsonantes abundan en el habla común, especialmente entre locutores y políticos, y se aceptan sin mayor escándalo. (Se me ocurren así, sin pararme mucho a pensar: ‘explosionar’, ‘baloncesto’ —¡cuánto mejor ‘basket’—, ‘concienciar’...). Pero aún les ofrezco otro neologismo a los susceptibles voladores, sin recurrir al híbrido: ‘aviogar’.

P. D. Si se dice “hay un tren a tal hora”, o un autobús, o un barco, se puede decir “hay un avión...”, en vez de “un vuelo”.
Otra P. D. Lo de ‘pilotar’, por cierto, se aplica también a la conducción de coches, y no sé si a la de motos, en esa aberración que son las carreras, con la intención, evidentemente, de distinguirse quien así maneja de un vulgar conductor. Ni se le ocurra a usted durante un *vuelo referirse al piloto, ante un miembro de la tripulación, como “el conductor”: le podría costar un disgusto.

28/8/08

Lo verde vende

Vamos a ver si me aclaro: esa empresa
que se anuncia tanto en la televisión, y no me refiero a la propia TVE, ni a ¡Qué corte tan inglés!, ni a las comunidades autónomas de Murcia, Andalucía, Madrid..., sino a la Iberdrola, esta empresa ¿qué vende? Porque, por lo que he podido ver en los anuncios que me han caído encima sin poderlo evitar, anuncian... ¡medio ambiente! (¿pero la venta de esta mercancía no estaba a cargo de los ministerios, consejerías y concejalías del susodicho ambiente?), y sin embargo, en las facturas que perpetran con la autorización del Gobierno, tirando a verdosas y caras, me cobran por un servicio de suministro de electricidad. O sea que no entiendo nada: ¿alguien que me lo esclarezca?

27/8/08

No pasa nada

Imitando a Escarlata O’Hara cuando juraba
no volver a pasar hambre, yo también juré el año pasado no volver a comprar el periódico en agosto, y así lo he cumplido hasta ahora. Pero se me ha presentado un problema un tanto absurdo: resulta que, como la mayor utilidad que le saco a la prensa es la de poner unas hojas en el suelo cuando frío, pues que se me han agotado las existencias y me voy a tener que procurar unos plásticos o semejantes para evitar las manchas de los salpicones del aceite. Porque comprar el periódico aunque sólo sea un día... pues como que no merece la pena romper la promesa. Pero es que, además, estoy empezando a descubrir que sin periódico se vive mejor. Como también sospecho que no es que los periódicos adelgacen en verano porque se "produzcan” (como dicen los locutores) menos noticias o, mejor dicho, no es sólo eso, sino también, y al mismo tiempo, su revés: que se producen menos noticias porque la fábrica, a pesar de los colaboradores temporeros, funciona a media máquina. Hay otro factor adelgazante, el de la caída de la publicidad, y que, visto del otro lado, revela la cantidad de publicidad (el verdadero negocio de la prensa, suculento en muchos casos, sostenido gracias a las noticias. Y si no, ahí está como prueba el fenómeno de los últimos años de los periódicos llamados gratuitos) que nos colocan habitualmente en un periódico. Y en estas condiciones me digo que nada me va a pasar aunque no me entere de lo que pasa.

21/8/08

El Horror y los horrores

En pago de mi pecado de no comprar
este mes el periódico me veo cada día obligado a la penitencia de recorrer el tele-texto de la Te uVe para buscar películas que grabar. Al pasar esta mañana de un canal a otro he podido ver, mezclado con saltos, carreras, etc. de los esforzados deportistas mundiales, lo del Gran Accidente, y, entre lo que he visto y lo que imagino sobre éste, estarán, como siempre que toca duelo nacional, las caras compungidas de las primeras autoridades de la nación, en primera fila, y en segunda las de las segundas, y, siguiendo a éstas, guardias y policías de seguridad, periodistas, acólitos... Y es que hay que ver el juego, junto con lo de Pekín, de lo que creo que ya queda poco (este mes, los medios deben de haber salvado la temporada), que está dando, y dará, esta nueva aparición del horror en masa (“¡el horror!, ¡el horror!”, que decía Kurtz). Debe de ser que con el horror pasa como con el veneno, que en pequeñas y regulares diócesis, como dicen, no hace efecto, el organismo como que se habitúa, pero en cantidades importantes ya es otra cosa. Sólo así se explica que cada cuatro o cinco años (no sé cómo van las estadísticas) se vaya para el otro barrio, a causa de los accidentes habituales (ahí se las apañe usted con la contradicción) de carretera, un número de personas equivalente a los habitantes de mi pueblo, sin más aspavientos que los consabidos de cada lunes en los medios por los muertos de fin de semana, aspavientos que suben de grado según el tamaño del fin de semana. Visto del revés (“en positivo” como diría un locutor), lo del horror cotidiano, que no lo es, y lo del en grandes cucharadas también se podría considerar como la lotería (con su amplio anecdotario: lo que pudo pasar, pero no pasó; lo que pasó y podría no haber pasado, etc.) aunque aquella, lógicamente, con la regularidad de los sorteos, de la que hay uno semanal desapercibido (o 1.000, no sé muy bien) y uno o dos de los gordos al año. En cuanto a las "causas", los locuaces tertulianos seguro que apuntarán varias como el azar, ¡¿cómo no!, también llamado 'destino'; tal vez negligencia, sin que se atrevan a asegurarlo, prudentes ellos, etc. Pero a mí me falta una: y es qué necesidad hay de meter a casi dos centenares de personas en un avión. Necesidad humana, porque de la del Dinero ya me hago una idea.

19/8/08

Animales y derechos

Hace unos años, un día que me dirigía a
comprar el periódico, al llegar al puesto me encontré con que un hombre que sujetaba a su perro de una traílla kilométrica me impedía el paso hasta el quiosco. Se lo hice ver, a lo que me espetó algo así como que el perro tenía derecho a estar allí. Tomando sus palabras al pie de la letra, le contesté que derecho lo que se dice derecho el perro como tal no tenía ninguno: en todo caso lo tendría él a estar allí con el perro. No recuerdo si añadí que aunque de ninguna manera con una correa que entorpeciera el paso a los demás. Pero en fin, si esto último lo dije o no es lo de menos para lo que me voy a referir. Luego después me arrepentí o dudé, pensando que al fin y al cabo el exabrupto del del perro no era tal sino una mera forma de hablar, sin que hubiera que tomársela ad pedem litterae como yo acababa de hacer. Pero ahora, a la vuelta de los años, me entran dudas otra vez pero en el sentido contrario, en el sentido de que aquella respuesta mía quizás fuera la apropiada y que le estuviera bien empleada al dueño perruno. Me refiero a lo que últimamente se puede oir o leer respecto a los llamados grandes simios. No conozco muy bien la ley que se quiere hacer, pero, si no me equivoco, ésta no trata tanto de conceder derechos a los grandes monos (gorilas, chimpancés y orangutanes) como impedir, basándose en su cercanía genética con la especie humana (“cercanía”, es decir una distancia corta, o muy corta, si se quiere, pero distancia al fin, que como tal los separa del hombre), impedir, decía, el maltrato y la crueldad innecesaria con tales animales. Como, según creo yo, los únicos seres vivos posibles sujetos de derecho son los hombres... ¿eh? ¡ah, sí!, que ya le veo venir, no se me encoraje: “¡y las mujeres, y las mujeres!”... (perdón por la interrupción, probable único lector de este desventurado blog: era un feminista que reclamaba), si se pretendiera conceder derechos, stricto sensu, a los mencionados monos y no sólo tratar de evitar el abuso contra ellos, se cometería una aberración jurídica.

16/8/08

La portavoza y el tocino

El terminacho se lo oí a una locutora,
a propósito, creo, de cuando nombraron portavoz del Pp a doña Soraya Sáenz de Santamaría. La locutriz en cuestión debió de decirse, como linguista tal vez: “Si juez y jueza, ¿por qué no portavoz y portavoza?” Y, con toque feminista: "¡Ya está bien de discriminación en el lenguaje!". En fin, cosas así... asando lo que ya está cocido.
Pero no era este, en realidad, el asunto de este articulillo, que ya me he ido por las ramas de Úbeda. Lo que quería resaltar es el comentario, también por aquellos días, de Sáenz de Santamaría: “La velocidad se demuestra andando”, confundiendo, evidentemente, la velocidad con... el movimiento.

14/8/08

Quosque tandem...?

A los políticos, intelectuales, tertulianos, periodistas, locutores, etc.

¿Hasta cuándo vamos a tener que soportar que sigan ustedes empleando la estúpida expresión “limpieza [sic] étnica”? ¿No se han percatado aún, tan leídos y escribidos como se supone que son, de que hay una contradicción entre el término ‘limpieza’ y la realidad a la que alude? ¿Cómo va a haber “limpieza” en el hecho de exterminar a un pueblo? ¿No es precisamente lo que los limpiadores pretenden que hacen: limpiar? Es más, me jugaría la barba a que la terminología fue puesta en circulación la primera vez por aquellos. Y de ahí corrió como la pólvora entre ustedes, y pasó, ¿cómo no?, al público, debidamente adiestrado en la televisión, que mansamente acepta la infamia. ¿No va a haber alguna vez un locutor que al encontrarse en la lectura de las noticias con la frase de marras se plante y se niegue a seguir leyendo? Esperemos (sentados).
(Este exabrupto lo he soltado esta mañana en el foro de un periódico, pero he decidido repetirlo aquí, porque, aunque publicar en este infausto blog sea como predicar en la luna, nunca se sabe quien puede leerlo. A ver si sirve de algo).

12/8/08

De locutores, Verne, el tiempo...

Esta tarde, mientras tomaba en el bar
mi habitual café con yelo (cofi on de ros) para aliviar estas calores, me ha empezado a subir la temperatura cuando he oído a un periodista deportivo (la competición entre naciones, allá por la China, en donde nos llevan ¿seis? horas de adelanto —por cierto: ¿cómo podrá ser eso? Claro que así pudo ganar su apuesta Phileas Fogg, acompañado de su criado Picaporte, viajando al encuentro del sol—, una competición que no tiene nada que ver con la política... aguarde un momento, por favor: una pausa... sí, ya estoy de vuelta. Es que al escribir la frase anterior me ha entrado la risa y he tenido que parar. Pero ya me salgo del paréntesis y sigo), decía que había oído a un parla declarar que “[fulano] ha realizado un crono de [no sé cuantos]”. ¿No es para que le suba a uno la temperatura?
¿Cómo es posible tragarse horas y horas de publicidad televisada para oir semejantes chorradas? Yo, a pesar de las miles de modalidades deportivas, no soy aficionado a ninguna (aunque algunas las deteste especialmente, como las carreras de coches y de amotos. ¿Las hay ya de esa moderna barbarie que son los cuatros?) y me puedo permitir grabar las películas que me interesen y, al verlas, darle al botón para cepillarme la publicidad. ¿Pero cómo se puede grabar un encuentro deportivo para verlo después conociendo el resultado? Infumable. ¿Cómo es posible rendir pleitesía al tiempo y a la velocidad, tragándose todas esas paparruchas de las milésimas de segundo y, además, con semejante jerga?

11/8/08

En cartera: La AEAT

Acabo de llegar de la Administración de Hacienda de Alcorcón. Un día que tenga ganas escribiré sobre (es decir, contra) la Agencia Tributaria.